Gonzalo Ruiz

Fidel y su libertad

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No es Fidel Castro ni se parece. Quizá su padre lo bautizó así en función de su admiración al líder de la revolución cubana por quien Manuel Araujo Hidalgo, ‘El Omoto’ profesaba admiración.

Fidel Araujo es mayor del Ejército en retiro y el lunes el presidente Rafael Correa le concedió el indulto. Fue acusado de incitar a la rebelión de la Fuerza Pública en los sucesos del 30 de septiembre de 2010.

Entonces, un grupo de policías se alzó en protesta y luego retuvo, contra su voluntad, al Presidente. Fueron varias horas de tensión y la operación militar que liberó al Mandatario dejó secuelas de muertos y heridos. Fue un momento difícil.

El tema, como todo episodio de origen y finalidad confusos, deja múltiples lecturas, máxime si se trata de interpretaciones y visiones políticas contrapuestas.

El 30-S acarreó juicios, incluso aquel instaurado contra un conocido diario guayaquileño y su subdirector de Opinión por un artículo firmado. El enojoso episodio terminó con el columnista fuera del país, una condena cuantiosa por USD 40 millones y el perdón presidencial.

Fidel Araujo fue uno de los juzgados y hasta esta semana el caso del 30-S le estigmatizó. Si atendemos a su versión, aquella mañana fue a visitar a su madre en la urbanización La Granja, próximo al cuartel policial. La curiosidad y una cierta animadversión contra el Gobierno pudieron haber hecho lo suyo pero de allí que pensar que Fidel Araujo estaba inmerso en un plan conspirador no parece tener asidero.

Araujo fue oficial de las Fuerzas Armadas y labró una relación cordial con la prensa cuando la Guerra del Alto Cenepa. Estudió el tema en Brasil y luego militó en el partido Sociedad Patriótica, de Lucio Gutiérrez. Entonces, y más de una vez tuvo roces y divergencias con los periodistas.

Su padre fue un político vivaz y astuto. De discurso fogoso admiró a la revolución cubana, en la década de los sesenta. Fue periodista, legislador y ministro de Gobierno de Velasco Ibarra y también tuvo algunos impasses severos con la prensa.

Con los años, el retiro y la distancia que otorga el tiempo cabe decir que era uno de los más entretenidos entrevistados para recordar al velasquismo, esa parte de la historia relativamente reciente que dejó huella. Siempre cordial y cariñoso con los periodistas más jóvenes estuvo presto a polemizar y contar sus versiones de la historia política del país.

Fue Embajador del Ecuador en Cuba, nada menos que en el gobierno de León Febres Cordero y protagonista de la visita del Mandatario derechista a la isla comunista.

Su hijo se encontró envuelto por el azar en el tema del 30-S. Su causa le atormentó y era conmovedor escuchar el relato de su versión en charlas fuera de entrevistas formales. Su historia es una de tantas de las que ocurren sin que la gente se lo proponga.

El Presidente ha cerrado un capítulo. Aunque cinco años más tarde este pequeño Fidel podrá caminar en paz.