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Hace unos meses circuló un anuncio “preocupante” en las redes sociales de los estadounidenses radicados en Ecuador. El anuncio decía que el Presidente implementaría una nueva ley que obligase a los extranjeros en proceso de lograr su visado de residencia, tomar un examen de castellano y, además, de historia del Ecuador. Las reacciones fueron previsibles, se hablaba de dejar el país de acogida y volver a su sitio. El anuncio era una broma de “April Fools Day”. El primero de abril se juegan este tipo de bromitas en Estados Unidos.

En cambio, a muchos locales nos pareció que era lo mínimo que se debía exigir a quienes venían a nuestro país. Lo hacen en Holanda por citar un ejemplo que conozco de cerca. Caídos de la luna, la mayoría de estadounidenses casi no aprenden español, no tienen la menor idea sobre la cultura o historia del país y se sienten cómodos en sus propios guetos. Juntos se desplazan a barrios enteros restaurantes, cafeterías; contratan abogados, mecánicos o taxistas que hablan inglés y que tienen o comprenden algo de su cultura y con los cuales dicen sentirse “seguros” de que no les engañarán. Se ha creado una especie de subcultura, hablo de Cuenca.

Creo que se debe revisar las exigencias de las instituciones de migración para quienes desean venir a aprovechar de lo que hemos construido con tanta dificultad y paciencia. Revisar el monto exigido para permanecer acá, es sumamente bajo.

Exigir un examen de castellano y de historia y cultura general del Ecuador; no eximirles del pago de impuestos aunque sean de la tercera edad ya que no han sido agentes aportantes en sus años productivos. Hay muchos extranjeros jubilados que se han dedicado a “hacer negocio” por debajo del tapete y no facturan, es decir no pagan IVA; otros, hacen una competencia desleal a los hoteles y hostales en el tema de arriendos cortos en sus propias casas, muchas de ellas alquiladas a precios irrisorios. Otros –la misma comunidad/gueto lo sabe- salieron de sus países por razones poco lícitas: falta de pago de impuestos, problemas con la justicia, etc.

No deseo ni de lejos sonar chauvinista y peor aún xenofóbica, sino que creo que se debe actuar con la mayor justicia posible. Plegamos siempre ante el dinero y el poder; pleguemos ante nuestras creencias y necesidades en el marco de lo equitativo. No me cabe duda de que algunos extranjeros han enriquecido nuestras propias comunidades y que han aportado con soluciones e ideas en diferentes campos.

Pero creo que debemos actuar con más confianza en nosotros habida cuenta de que lo que antes se creyó era un paraíso para vivir y ganar; ahora, con nuevas perspectivas, sabemos que precisamente son estos nuestros mundos la mejor opción. Conviene integrar o acoger al otro sin estropear lo nuestro.

akennedy@elcomercio.org