Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 1
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 65

La situación del Ecuador en cuanto a su presencia y proyección internacional, heredada por el presidente Moreno de su antecesor, es una pesada carga que el nuevo gobierno no ha podido todavía deshacerla ni desembarazarse.

Correa y sus cancilleres, en particular Ricardo Patiño que ocupó el cargo por más de seis años, aislaron al país del mundo, de países y organizaciones que podían ser beneficiosos para los intereses del Ecuador y se alinearon con otros que poco le podían ofrecer. Superado el problema territorial con el Perú, el objetivo de la política exterior debía ser el desarrollo en el amplio sentido de la palabra: comercio, inversiones, tecnología, conocimiento y demás. Lamentablemente se inclinó por priorizar ideologías superadas que nada bien hacían a su crecimiento y desarrollo.

Lenín Moreno se encuentra ahora padeciendo de esa poca o nula inserción internacional en que se encontraba el país cuando asumió el poder hace siete meses. Correa, tras denostar a las Naciones Unidas en varias oportunidades, al Sistema Interamericano -esto es OEA y todos sus órganos, a los cuales ahora acude paradójicamente- en particular respecto de democracia y derechos humanos, tras promover acertadamente la creación de Unasur y alentar la consolidación de la CELAC como alternativas de integración regional pero que penosamente se hallan en el limbo, y de participar en la irrelevante ALBA, dejó al Ecuador sin apoyos ni contactos internacionales para salir de la grave crisis política y económica por la que atraviesa.
Países tan relevantes como Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, entre otros, que fueron despreciados por diferentes razones por el propio mandatario saliente, dejaron de ser los tradicionales puntos de sustento.

Cierto es que se desarrollaron importantes relaciones con países como China y Rusia, pero al mismo tiempo se produjeron aproximaciones a países y bloques de países que, por el contrario, deterioraron la imagen del Ecuador y no significaron ningún aporte a nuestros intereses. En ese contexto tan poco favorable, el desafío que en esta materia tiene el nuevo gobierno por delante, sin renunciar a sus principios, es enorme. Recuperar amistades útiles no es tan fácil como destruirlas; generar confianza menos aún y proyectar una imagen seria tampoco.

Lo primero es tener claros los objetivos y luego hacer uso de las estrategias adecuadas para alcanzarlos. Uno de los principales instrumentos operativos con ese propósito es disponer de un servicio exterior profesional y competente, cosa que la Revolución Ciudadana se encargó de echar abajo. Moreno y su Canciller deben empeñarse en rehacer y mejorar ese mecanismo para recuperar protagonismo como país que vela por sus intereses y no quiere quedar aislado.

fcarrion@elcomercio.org