Pablo Ortiz García

Omnipresencia

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23 de March de 2012 00:01

Correa pregona la soberanía de los pueblos. Las decisiones de su gobierno, por tal motivo, son independientes. Ningún extranjero puede influir en la política ni en las leyes o decretos que el gobierno expide. Por esa misma soberanía, y por cuanto el imperio estadounidense no puede inmiscuirse en la política interna de las naciones, llamó (pero sin mayor éxito) a los países latinoamericanos a no asistir a la Cumbre de las Américas a realizarse en Colombia, ya que por insinuación de Estados Unidos no se le invitó a Cuba, Isla en la que las libertades y democracia son un “ejemplo” para el mundo, ¿verdad?

La soberanía es el poder del Estado “para conducir sus pasos sin otro condicionamiento que su propia voluntad... Es la facultad del Estado para auto obligarse y auto determinarse, esto es, conducirse sin obedecer a poderes ni autoridades ajenas a los suyos”, palabras del doctor Borja en su Enciclopedia de la Política, cuyo hermano menor es el embajador de Ecuador en Chile, es decir, designado por nuestro bien amado Presidente (en realidad escribí esta frase, exclusivamente, por la cercanía de la Semana Santa...).

Es deber primordial del Estado, según la Constitución “garantizar y defender la soberanía nacional” (artículo 3, número 2). Es tan importante para el gobernante el tema de la soberanía, que obligó a sus asambleístas redactores del texto de la Carta Magna, incluir una disposición por la cual Ecuador condena la injerencia de los estados en los asuntos internos de otra nación (artículo 416). En resumen, ningún jefe de Estado o de Gobierno, debe entrometerse en los temas internos de un país... pero Correa sí puede, como lo hizo en España, al criticar la legislación comercial y civil.

En Madrid manifestó su inconformidad con las normas que en el Reino de España regulan las hipotecas. No está de acuerdo con su legislación interna. ¿No es eso entrometerse en temas propios de una nación? Pero se fue más allá el emperador. Señaló que “está estudiando acciones para denunciar ante los organismos de derechos humanos a nivel europeo e internacional”, con el objeto de derogar la ley comercial española de hipotecas. Si en el mundo del Derecho Internacional se aplicaría el principio de reciprocidad, Rajoy debería hacer lo propio con tantas leyes que Correa ha expedido que son abiertamente inconstitucionales y violatorias de derechos humanos.

Correa “ve la paja en ojo ajeno, y no la viga en el propio”. Ecuador, nuevamente, ha quedado como un paisito gracias a que el gobernante desea imponer sus criterios a toda nación democrática, no a las dictaduras que admira, como las de Cuba, Venezuela, Siria.

¿Qué opinará el gobierno español de este nuevo exabrupto de Correa?

Lo que es yo, ¡tengo un fortísimo dolor de Patria!