Carlos Jaramillo

¿Obras históricas o elefantes blancos?

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El16 de julio del 2008, se colocó la primera piedra para la construcción de la Refinería del Pacífico, en la provincia de Manabí, cuyo costo se estimaba entonces en 12 500 millones de dólares.El Primer Mandatario anunció que en una segunda etapa se completará tan monumental proyecto con un complejo petroquímico que demandará una inversión de 5 000 millones de dólares.

Han transcurrido cerca de siete años y aún no se coloca la segunda piedra y, según informaciones de prensa, Petroecuador ha realizado la adquisición del terreno necesario, movimientos de tierras, una carretera de acceso y algo más, por el monto de
1 200 millones de dólares, pero los otros dos accionistas, Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la Empresa Petrolera Estatal China, no dan señales de vida.

Lo grave es que estudios de firmas internacionales especializadas establecen que las reservas de crudo de nuestro país serán de 1 292 millones de barriles en el año 2017, sin considerar la producción del ITT, volumen que no justifica la construcción de una refinería de las características previstas.

Igualmente, otra obra calificada de histórica, emblemática y desafío técnico por parte del Gobierno y tildada de faraónica y elefante blanco por la ‘reacción conservadora’ y más ‘detractores’ de la Revolución Ciudadana es la planta de almacenamiento y distribución de gas licuado de Monteverde-Chorrillos, inaugurada el 26 de junio del año pasado y que reemplaza al cuestionado sistema de almacenamiento en barcos alquilados. El precio referencial fue de 97 millones de dólares en el 2007; se declaró desierta la licitación internacional; se decretó “emergencia nacional” y se adjudicó el contrato a Flopec, sin experiencia en la materia, por 263 millones y el plazo de 4 años. Al final el costo ascendió a 570 millones de dólares y hubo retraso de 4 años.

La inauguración coincidió con la decisión del Gobierno de eliminar el millonario subsidio al gas de uso doméstico y reemplazar las cocinas que utilizan ese combustible por artefactos de inducción, para lo cual da facilidades, con lo que disminuirá notablemente el consumo de gas y resultará la flamante planta.

En cambio, no se concretan aún el financiamiento y otros detalles fundamentales para la construcción del tren subterráneo para Quito, y la anterior administración municipal contrató, con impresionante agilidad, las terminales de La Magdalena y Parque Bicentenario, por 90 millones de dólares. Hace pocas semanas se anunció que se efectuarían adecuaciones para utilizarlas, por lo pronto, como estaciones del Trolebús.

Un caso muy conocido: recién dos años después del inicio de operaciones del aeropuerto de Tababela entraron en servicio las autopistas de acceso directo y siguen en compás de espera las obras planificadas para disminuir la congestión en la arteria que atraviesa Cumbayá y Tumbaco.

¿Elefantes blancos u obras históricas?

cjaramillo@elcomercio.com