Rodrigo Fierro

En nombre de Jesús

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“In Nomine Iesu”, aquel hombre bueno que habló de fraternidad entre los hombres, los jesuitas iniciaron su labor misionera con el claro entendimiento que el hombre de América estaba a punto de ser víctima del encuentro entre el Neolítico y la Edad de Bronce con el Renacimiento, prehistoria con la historia.

Incuestionable la superioridad cultural de los europeos, con solo procesar que la escritura alfabética-orfandad americana-, llevaba 5 mil años de ser utilizada y cultivada entre ellos. Los jesuitas se propusieron realizar lo que parecía imposible.

Evangelizar en el idioma de los nativos. Los primeros vocabularios fueron obra de los soldados de la Compañía de Jesús. Todo un proyecto de salvación de los indios en el “Populorum Indorum Salute” del P. de Acosta. En las misiones de los jesuitas, primeras letras, operaciones elementales, artesanías, música y canto, y todo sin traumatismos, en orden y concierto. Las neuronas de los aborígenes daban para ser protagonistas de hechos portentosos, nunca vistos ni oídos: un salto de milenios, en pocas generaciones.

La exposición de la obra de la Compañía de Jesús, en la Real Audiencia de Quito en el Centro Cultural de la PUCE, es fascinante. Los jesuitas adentrándose en la Amazonía hasta llegar a la desembocadura del Marañón (Amazonas), en el plan civilizador y evangelizador más extraordinario que se tenga memoria. A su paso, asentamientos permanentes: la cruz, pequeñas bibliotecas, instrumentos cartográficos, escuelitas.

El primer mapa de la hoya amazónica, obra de un jesuita. En Quito, bibliotecas en humanidades y en ciencias. Un sistema educacional, pionero en América: escuelas, colegios, hasta llegar a la Copernicana Universidad de San Gregorio. Ese su afán de que en sus aulas los americanos fueran familiarizándose con los adelantos tecnológicos de la época. El hombre hispanoamericano sería libre cuando supiera “leer y escribir”. El pensamiento ilustrado del Dr. Espejo fruto fue de cuanto queda señalado.

Según el P. Bernardo Recio, los intereses de España no se compadecían con los de sus colonias. Los jesuitas fueron expulsados.

Para mi desconcierto, en tal exposición ni mención del extraordinario desarrollo agroindustrial que logró la Compañía de Jesús en la Real Audiencia de Quito. Estuvieron a un paso de crear la primera transnacional que recordaría la historia. Textiles elaborados en Quito llegarían a los centros de acopio que ya se tenían en Liverpool; de ahí a los mercados de Europa (!).

Como estamos en plena novena de la Dolorosa del Colegio, advocación de los jesuitas quiteños, se me dio por escribir este artículo. Librepensador como soy, con mis dudas sobre la existencia de Dios y más si rodeado de la Corte Celestial, me confieso devoto impenitente de la Dolorosa. ¡Oh sinrazón!, exclamarán todos o casi todos. ¡Allá ellos!

rfierro@elcomercio.org