Óscar Vela Descalzo

La niña del tren (I)

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El poder destructor de la guerra es tan grande que puede arrasar con todo lo que existe a su paso sin dejar apenas vestigios de lo que allí aconteció. La humanidad jamás será capaz de recuperar la historia completa de aquellos pueblos que fueron asolados por un conflicto bélico, así como en ocasiones ni siquiera las familias consiguen rearmar totalmente su propia historia o conocer a sus familiares más cercanos.

Esta historia de la niña del tren fue armada a retazos a partir de ciertas fotografías, anécdotas de familia y frases aisladas que varias personas rescataron de su memoria a través de comentarios que el abuelo dejaba sueltos, menciones de alguna tía, referencias de parientes lejanos, nombres y edades algo confusas, lugares específicos en los que la niña del tren habría sido enterrada.

El hecho sucedió al parecer en 1939, pocas semanas antes de que la guerra civil española terminara oficialmente.

Un diario (y más tarde también alguna obra narrativa) recogió la historia de una mujer que fue obligada a bajar de un tren en Torrelodones, a 30 kilómetros de Madrid, cuando los compañeros del departamento en que viajaban se dieron cuenta, por las uñas amoratadas de los dedos de las manos, que la hija que llevaba en brazos cubierta con una manta estaba muerta.

Los relatores (no es probable que fueran la misma persona) contaban que la madre estaba consciente del fallecimiento de la niña durante el viaje y soportó el dolor tratando de ocultarla para llegar a Madrid donde residía su familia. La crónica acompañaba una fotografía (que no ha sido posible recuperar) en la que se veía aquel tren maltrecho alejándose, mientras en primer plano quedaba la mujer con su hija muerta en brazos y una niña más pequeña que se aferraba tiernamente a sus faldas.

Durante años la familia pensó que la niña muerta en el tren se llamaba Julia. Sin embargo, en unas fotografías descubiertas recientemente aparece la madre, Encarnación, acompañada de sus cuatro hijos (no se sabía hasta ese momento de la existencia de la última niña). Sus nombres eran Julia, Juan, Emilia y una pequeña que se llamó Encarnación como su madre y que habría nacido en 1924. Lo revelador de este hallazgo fue que Julia, la hermana mayor, según la fecha que consta en la fotografía nació en 1911, y, en consecuencia, al finalizar la guerra civil española habría tenido 28 años. Por tanto, no podía ser ella la niña del tren.

Juan, el único hijo varón de Encarnación, combatió durante la guerra en el ejército republicano. Tras la derrota, debió pasar nueve meses en un campo de concentración. Más tarde el gobierno de Franco decidió que aquellos que habían combatido por la República y no tenían responsabilidades políticas fueran purgados con tres años de servicio militar. Entre 1940 y 1943, Juan cumplió con el servicio. Al volver a Madrid en 1943 se enteraría (aunque es probable que ya lo supiera), que, tras la guerra, solo sobrevivían su padre y su hermana Emilia…