Carlos Alberto Montaner

Nicaragua, trampa

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15 de November de 2011 00:01

Daniel Ortega ganó las elecciones nicaragüenses e hizo trampas. Ambas cosas.

Ganó, porque la oposición se presentó dividida; porque ya hay una generación de jóvenes nicas a quienes la guerra civil de los ochenta y los desastres provocados por los sandinistas les parecen ajenos.

Ganó, porque utilizó hábilmente los petrodólares de Chávez para reclutar clientela política; porque el Daniel Ortega actual se parece más a Anastasio Somoza que a Fidel Castro --ortodoxia en el manejo macroeconómico --según el FMI--; espacio para que el sector privado gane dinero, especialmente quienes “no se meten en política”; la bendición de parte del clero y alianza con los militares, al extremo que su Vicepresidente es un general retirado del ejército.

Hizo trampas, porque no triunfó con el 62% de los votos, sino con un 10 a 25% menos, fraude denunciado por ex colaboradores sandinistas, el candidato contendiente, Fabio Gadea, y observadores imparciales como el eurodiputado socialista Luis Yáñez, el Centro Carter y la ONG Transparencia y Ética.

¿Por qué Daniel Ortega despojó a sus adversarios de la cuota que les correspondía, según la voluntad popular? Para perpetuar su gobierno. Ya lo hizo –sin pagar por la felonía-- en las elecciones municipales de 2008, al robarse decenas de alcaldías, incluida la de Managua. Se veía venir.

Como los fascistas y nazis en el siglo XX, Ortega ya posee las riendas institucionales para crear un régimen totalitario donde Estado, gobierno, partido y caudillo se fundan y confundan en una sola entidad. No quedarán vestigios de los ideales republicanos con que se creó Nicaragua.

¿Hay prueba objetiva del fraude? La hay, aunque indirecta. Una amplia y reciente encuesta de la ONG chilena Latinobarómetro, ofrece datos sobre 18 países hispanoamericanos, incluida Nicaragua, que es la que peor valora a “los políticos” cuando se solicita que consignen al grupo “que menos cumple con la ley”. Y los nicas son también los que “más se oponen” a la reelección presidencial junto a México, Honduras, Guatemala y Perú ( lo cual explica el rechazo al continuismo de Ortega). Al mismo tiempo, Nicaragua es la nación que más considera la economía de mercado como “único sistema” para lograr el desarrollo. Simultáneamente, de los 18 países, en esta escala de expectativas, Nicaragua es el número 15 en creer que el Estado es capaz de solucionar los cuatro problemas cruciales de la región: “delincuencia, narcotráfico, pobreza y corrupción”. Mientras Argentina alcanza un nivel de esperanza de 75 en la capacidad del Estado para enfrentarse a estos flagelos, y mientras el promedio latinoamericano es 57, los nicas apenas llegan a 39.