Pablo Cuvi

El poder de Neruda

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Por cuarta vez volvieron el mes pasado a enterrar los huesos del poeta, que habían sido exhumados en el vano afán de encontrar alguna huella del veneno que supuestamente le administraron los esbirros de Pinochet en su lecho de enfermo, días después del golpe, adelantándose al cáncer de próstata que lo estaba matando. Tanto trajín para nada.

Como si tuviera alguna importancia descubrirlo, como si aportara en algo a su creación. Pobres huesos de Neruda: en lugar de andarlos indagando con una lupa morbosa, lo que deberíamos hacer todos es desenterrar sus libros de las bibliotecas y volver a sentir el poder de su poesía y revivir su historia.

A fines de los años 90 la Embajada de Chile tenía la sana costumbre de invitarme a acompañar a los escritores que llegaban a Quito. Así anduve de arriba abajo con Antonio Skármeta cuando vino a presentar la versión original de ‘El cartero de Neruda’. Y también con Jorge Edwards, quien fue ministro consejero de Neruda en París cuando el poeta fungía de embajador y ganó el Premio Nobel.

Recuerdo el día en que llevé a Edwards a comer cuyes: había erupcionado el Pichincha y todo estaba cubierto de cenizas. ‘Como cenizas, como mares poblándose…’, recité el verso con el que empieza ‘Residencia en la tierra’ y Edwards, que había escrito sus recuerdos de Neruda en un libro llamado ‘Adiós, poeta’, me contó anécdotas desconocidas.

Esas visitas mantenían viva la curiosidad por mi insigne tocayo muerto, pero pasaron los años y ya ni me acordaba cuando vi la noticia sobre el cuarto entierro en Isla Negra. Entonces me dio bronca y nostalgia al mismo tiempo y agarré la antología general preparada por la Real Academia Española.

Trae el libro, a modo de introducción, varios estudios, empezando por uno de Edwards, pero cualquier hijo de vecino puede prescindir de ellos y zambullirse directamente en cualquier poema que le atraiga.

Sucede como con Mozart, ese otro genio del que también se dijo que había sido envenenado por Salieri y terminó enterrado en una fosa común: nadie necesita estudios para disfrutar de su música.

Sería un cliché decir que la poesía del chileno está mas viva que nunca, pero da la sensación de que no es él sino la lengua española cantándose a sí misma, nombrando al mundo desde el mar y los orígenes, cantando a las mujeres, a los tomates, a la cebolla, a las caracolas y las gentes, a la atribulada historia de este continente.

Abarcaba tanto el poeta y era tan poderoso que su influencia fue avasalladora, pero en el plano político es sorprendente que un ‘bon vivant’ como él, un animal iluminado que quería probarlo todo y coleccionarlo todo y hacer que el mundo girara alrededor de su inmenso Yo, fuera un obstinado militante comunista que comulgó largo rato con el estalinismo.

Me dirán que era otra época y que él nunca olvidó su origen humilde, sí, pero no deja de ser una mancha que distorsionó parte de su creación. Y de su vida.

pcuvi@elcomercio.org