María Herrera Heredia

Muros mentales

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La posible construcción del muro entre México y Estados Unidos, propuesto por el presidente Trump, va más allá del costo y la alocución sobre América para los americanos o América primero, involucra un conjunto de conceptos y logros que se han ido alcanzando y consolidando a través del tiempo.

Resulta difícil asimilar estas ideas en épocas dónde las fronteras geográficas son meras referencias, dónde el capital es transnacional y la movilidad de las personas es global, dónde las economías son interdependientes y existen miles de millones de personas conectadas a través de productos generados en diferentes países a lo largo y ancho del mundo, cercar a los Estados Unidos no solo denota volver la historia económica y social muchos años atrás sino además una falta de comprensión de la realidad mundial actual o acaso ignorancia de la dependencia de su país sobre una cantidad de bienes que ingresan desde todo el mundo y los muchos servicios que le prestan principalmente sus vecinos latinoamericanos, sin cuyo aporte difícilmente hubiera desarrollado su gran industria.

América para los americanos, desdice de conceptos vigentes como la aldea global y la responsabilidad implícita de líder mundial de la democracia, revela prepotencia, autoritarismo y aislamiento, talvez tuvo razón de ser cuando en 1823 la pronunciara James Monroe como medida de prevención frente a una posible intervención de los estados europeos y su oposición al colonialismo.
Es un mensaje en franca contradicción con las políticas de libre mercado y liberalización comercial formuladas por su partido, el Republicano.

En el mismo sentido, frases como América primero, la adopción de las medidas de vigilancia que prohíben el ingreso a refugiados, suspenden el visado a ciudadanos de siete países orientales, la precalificación de criminales y terroristas a los ciudadanos migrantes, deja ver claramente discriminación, exclusión, odio, intolerancia e irrespeto a los derechos humanos universales, desconocimiento de que su país es precisamente una nación fundada por migrantes e incompetencia para una gobernanza acorde a las exigencias del siglo XXI.

Pero su discurso reúne también las características de los líderes populistas contemporáneos, cuya retórica quebranta el sistema de derechos humanos, aviva el nacionalismo, empodera al “pueblo”, divide a los ciudadanos y tacha de culpables de los problemas internos a fenómenos mundiales como la globalización, la clase política, la libertad de información y la migración, temas que encubren el objetivo de ganar popularidad.

Preocupa la vigencia de conceptos arcaicos, el crecimiento del populismo occidental, pero sobre todo la existencia de murallas mentales.