Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
30 de June de 2011 00:01

Las mujeres en los claustros coloniales fueron artistas, Magdalena Dávalos o María de la Merced, mecenas y coleccionistas. Fueron escritoras como Gertrudis de San Ildefonso, y administradoras, que contribuyeron de manera inteligente y sagaz en las construcción de las sociedades coloniales. Mujeres que desde su encierro voluntario en los monasterios de la Audiencia de Quito, no solo como monjas de velo negro o blanco, sino como recogidas, donadas, sirvientes libres o esclavas negras, contribuyeron a configurar y a definir una sociedad vertical multiétnica, multiracial y multisocial, principios aplicables a toda la sociedad virreinal en América Latina. La apertura del monasterio de Santa Clara nos debería animar –amén de ver las obras de arquitectura y arte más excelsas- a comprender de una manera más integral y justa el papel jugado por las mujeres en épocas pasadas.

Recordemos que al principio de la colonia, durante el siglo XVI y principios del XVII en que se fundan todos los monasterios ecuatorianos, se los hace en “lugares de distinción” -ciudades ricas como Quito, Cuenca o Riobamba- donde pudiesen refugiarse las hijas o viudas de los conquistadores u oidores. Solo las mujeres de alcurnia con dotes inferiores a las del matrimonio accedían a ser catalinas, clarisas o conceptas, otras ingresaban por razones distintas a la vocación. Por 1770 la Concepción de Quito tiene una población de 1000 mujeres según el jesuita Cicala, de las cuales solo un puñado eran monjas! Se imaginarán cuán variada era la vida para las distintas habitantes de estos cenáculos. Además, la construcción de estos espacios femeninos también se distingue en muchos sentidos: si de arquitectura hablamos, lo atestiguan las soberbias cubiertas y plantas realizadas para Santa Clara por el conocido Antonio Rodríguez.

Son mecenas de obras destacadas, coleccionistas natas en sus celdas privadas, celdas que compran, alquilan, reforman, algunas con sus propias cocinillas o gallineros. Algunos monasterios salvo el de los carmelita se convierten en pueblecitos. Además del régimen religioso diario, son artistas y artesanas cuyas obras se exportan a distantes lugares como Panamá o Chile, figurillas de tagua, sedas y cintas, pastillas de benjuí.

Desafortunadamente en el recorrido de Santa Clara no se ha previsto una guía escrita, las guías orales o los reportajes tampoco han recogido los trabajos sobre el tema, no se particulariza la historia de este monasterio y se invisibiliza nuevamente aspectos que los historiadores hemos descubierto y publicado y que resultan ejercicios para reafirmar positivamente nuestras identidades como mujeres blanco-mestizas, indígenas o negras, aristócratas o sirvientas.