Ivonne Guzmán

¿Por qué (de una vez) no se murieron?

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Para evitarnos tanta molestia, indecencia, quejas al por mayor, exigencias de derechos e informes de la ONU, en fin, para evitarnos tanta cháchara de esa ‘barra femenina’ (que bien haría en marcharse a la cocina, ¿cierto?), era mejor que no pidieran ayuda y solo se murieran. Me refiero a las 58 mujeres actualmente procesadas por haber acudido a un médico cuando su integridad física, o su vida, peligraba durante un aborto clandestino e ‘ilegal’ en curso.

Todas ellas, además de ser unas ‘criminales’, comparten una característica: son vulnerables ya sea por su condición socioeconómica y/o su origen étnico (al menos eso se colige de un reciente informe publicado por el Frente Ecuatoriano por los Derechos Sexuales y Reproductivos). Porque si se morían, qué más daba, ¿no?; o al menos así parecería que piensan algunos que teniendo la obligación de protegerlas, las están acosando judicialmente.

Pero como están las cosas, es absurdo querer que el Estado las ampare en esta causa (el mismo Estado que se ha comprometido ante la ONU a garantizar la salud sexual y reproductiva de las mujeres). ‘Abusivas’, se les da la mano y se cogen del codo; ese debe ser el razonamiento de quienes deciden desde sus prejuicios morales sobre la vida de millones. Ironías del destino: esas personas que deciden quién vive, quién muere, quién va preso y quién no, son asalariadas de las mujeres a las que prefieren enjuiciar por ejercer un derecho humano fundamental, aunque la ley diga lo que diga (cuando la ley es injusta o perversa, nadie nos puede obligar a cumplirla).

Por mínima solidaridad de género, o para disimular aunque sea, valdría la pena que un par de las tantas mujeres hoy acomodadas en el Gobierno dejaran de posar para revistas de bienes raíces (como la señora de la Asamblea) o de estar misteriosamente mudas (como la señora de la Enipla) para que se ocupen públicamente de estos 58 casos y de la salud reproductiva de las mujeres. Me imagino que ambas señoras sabrán que –según datos publicados por este Diario– “el aborto en condiciones de riesgo constituye la segunda causa de morbilidad femenina a escala nacional”.

Supongo que como somos mujeres nomás las que nos morimos no pasa nada, ¿o sí? ¿Qué será? ¿Qué pensarán? ¿Qué sentirán? ¿Sentirán? ¿Pensarán? Lo cierto es que esta frialdad y crueldad con la que se trata el asunto bien podría empezar a catalogarse como una estrategia de feminicidio. No puede ser que las mujeres tengamos que seguir mendigando salud, expuestas a todo tipo de maltrato por parte de quienes tienen la obligación de protegernos (para eso les pagamos) y que aquí a nadie se le mueva un músculo de la cara. ¿De verdad esas 58 mujeres debieron haberse dejado morir y no acudir a un hospital para evitar que el Estado las persiga y las encarcele?

Respondan, desalmados (y desalmadas; para hablar en su idioma).