Walter Spurrier

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31 de May de 2011 00:03

¿Hay algo malo con la actual política respecto de los precios de los fármacos? Parecería que no: el precio promedio por unidad de venta en el Ecuador es de USD5,04; en Chile de USD 5,36, en Colombia de USD6,25, en Perú de USD 7,69 y en Venezuela de USD 12,33.

Pero las autoridades acaban de producir un nuevo reglamento de control de precios de fármacos, 13 páginas a un espacio, y que establece un complejísimo sistema que, en una primera lectura para esta columna, aún no alcanzamos a entender a cabalidad (Decreto 777 de mayo 15).

El reglamento califica a todos los fármacos como estratégicos, salvo las excepciones que determinen las autoridades. De tanto recurrir a él, en nuestro país el concepto de estratégico se está devaluando. Estos fármacos estratégicos están sujetos a un régimen regulado de precios. Luego de exponer un abigarrado y confuso mecanismo y parámetros para determinar precios, se indica que el solicitante podrá pedir un alza a las 24 meses, pero en ningún caso mayor a la inflación.

Algunos medicamentos estratégicos están sujetos a un régimen de fijación directa, en cuyo caso se congelan los precios por tres años.

Si los precios son más bajos que en los países vecinos, ¿Qué mejoría se busca con tanto control?

Salta la preocupación que el reglamento se tome al pie de la letra lo que la ley y la Constitución establecen, que por ser estratégicos, “en el acceso a medicamentos, los intereses de la salud pública prevalecen sobre los económicos y comerciales.”

Al restringir tan rigurosamente las posibilidades de hacer negocio en la producción, distribución y comercialización de medicinas, como sucede en otras actividades con drásticos mecanismos de control, el mercado se distorsiona con consecuencias negativas para el consumidor.

La severa restricción en márgenes de comercialización inducirá a las boticas a abastecerse de los productos más caros, puesto que el margen en los más baratos no necesariamente cubre sus costos.

La fijación de precios muy bajos y de márgenes de distribución restrictivos puede acarrear desabastecimiento de medicamentos caros de última generación o para enfermedades no comunes, y que se torne necesario viajar al exterior para adquirirlos. Es lo que sucedería cuando a un laboratorio le nieguen un precio que considere aceptable y opte por no importar un medicamento.

Típicamente, los controles de márgenes favorecen a las importaciones sobre la producción. Al estar sujetos a drásticos controles en sus márgenes, los accionistas de los laboratorios nacionales podrían verse alentados a cerrar, y redireccionar sus capitales y conocimientos a áreas más rentables.

Pero, ¿no se trataba acaso de favorecer la producción de medicamentos? El nuevo reglamento más bien desalienta este objetivo.