Iván Carvajal

¿La mejor Constitución?

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3 de June de 2012 00:03

La revista “Podium” (No. 20, Dic. 2011) de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo de Guayaquil publica la conferencia dictada en esa casa de estudios por Luigi Ferrajoli, teórico del garantismo jurídico. Esta corriente fundamenta la vigente Constitución. La conferencia pone a debate la relación entre derechos (las libertades y los derechos sociales) y la democracia. En cierto sentido, garantismo y neoconstitucionalismo expresan la convergencia del liberalismo político y la socialdemocracia, que se dio en Europa occidental luego de la II Guerra Mundial. Estado de derecho, Estado de bienestar y democracia “formal” efectiva parecieran requerirse mutuamente. La crisis europea actual ha puesto en evidencia la fragilidad de la alianza al desmoronar las bases de los derechos sociales.

En su conferencia, Ferrajoli afirma: “Ecuador tiene seguramente la constitución más avanzada del mundo ahora; sin embargo el problema es su efectividad, que solo se obtiene con la introducción de garantías institucionales adecuadas.”

Para el jurista italiano, hoy resulta “insuficiente” la separación de poderes en el sentido clásico. Avanza cierta crítica de la democracia parlamentaria cuando destaca la necesidad de “las instituciones del estado social” (salud, educación). Sin embargo, insiste en la independencia que debe tener el poder judicial. Un juez debe actuar apegado al derecho, con independencia respecto de las presiones del poder político, los poderes fácticos, de la mayoría o incluso de “todos”. Sobre todo, la Corte Constitucional debe ser por completo independiente del poder.

Cabe preguntarse sobre la “efectividad” de la “constitución más avanzada del mundo”. ¿No hemos presenciado acaso cómo “se mete las manos a la justicia” y cómo se somete la Asamblea? ¿Ha habido independencia de la Corte Constitucional? La que va en camino, ¿se conforma acaso para asegurar su independencia?

¿Se avanza en la consolidación de “las instituciones del estado social”? ¿O por el contrario, en la lógica del populismo, se des-institucionalizan los procesos para atarlos a los mecanismos clientelares?

¿Qué falló en Montecristi? O bien la Constitución no se cumple o bien contiene en su esencia una contradicción irresoluble entre doctrina de derechos y el régimen político hiperpresidencialista. ¿O tal vez las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales hacen inviable tal Constitución?

¿Qué es la soberanía del pueblo, cuando se trata de afirmar el pluralismo e incluso la plurinacionalidad? ¿O tal soberanía se reduce a la monocracia “legitimada” por mayorías electorales?

Ni desde el liberalismo ni desde quienes reivindican que “Montecristi vive” provienen respuestas satisfactorias a la cuestión inquietante que deja Ferrajoli.