Manuel Terán

Medidas desesperadas

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13 de November de 2013 00:01

El populismo en Venezuela nuevamente ha sido noticia. El heredero del coronel golpista, luego de transmitir sus experiencias en las que daba cuenta que es capaz de hablar con los pajaritos, que comentaba el supuesto aparecimiento en una excavación de una faz que aparentemente sería la de su mentor, ha vuelto por sus fueros.

Asediado por una inseguridad que golpea a toda la población caraqueña sin distingo de clases, por unos datos del propio Banco Central venezolano que sitúa la tasa de inflación acumulada para el presente año alrededor del 50%, molesto con las informaciones y los correos de boca en boca que hablan de escasez y malestar, tratando de manejar situaciones políticas incómodas como las dudas sobre el lugar real de su nacimiento, agobiado por los escándalos de la penetración permanente a las instituciones por personas vinculadas al narcotráfico, de frente a las elecciones en que se elegirán autoridades locales ha decidido dar otro golpe de efecto.

Por decreto, en una supuesta guerra contra la especulación, ha ocupado comercios de electrodomésticos y ha procedido al remate de los inventarios. Estas decisiones han venido acompañadas de una ola de ataques en contra de la prensa la cual informaba de la situación.

Lo sucedido no debe sorprender. En un país en donde se ha consumido una riqueza inimaginable proveniente de la explotación de cerca de dos millones diarios de barriles de petróleo, cuatro veces lo que se produce en nuestro país, el grupo instalado en el gobierno de la mano de Chávez ha logrado llevarlo a la bancarrota.

Con una elevada deuda externa, no tiene facilidad para encontrar recursos y seguir en su exacerbado ritmo de gasto. Los bienes escasean y el malestar aumenta, se vuelve necesario distraer la atención y presentar a supuestos enemigos que conspiran contra su desquiciado modelo.

Los populismos son dañinos y una vez que se sienten amenazados pueden derivar en acciones nefastas. Lo acontecido en Venezuela va en esa dirección. Las medidas adoptadas probablemente produzcan aplausos entre el segmento que le es fiel al grupo instalado en el poder, pero no aportan ninguna solución de fondo al problema real.

La economía se irá debilitando aún más, las señales dadas conducirán a ello, en el tiempo el desabastecimiento y la escasez se agudizarán y el Gobierno deberá seguir construyendo culpables para disfrazar su ineficiencia e incapacidad.

Ventajosamente el modelo ya no tiene seguidores acérrimos en el continente. Algunos porque les será difícil adherir a tanta insensatez, otros porque a tiempo se habrán percatado que lo hecho en el país llanero es la ecuación perfecta para destrozar la economía de una nación, algunos más porque se les acaba su período y se hallan más preocupados de ver la cómo reacomodar su maltrecha imagen. Lección dura pero lección al fin.