Mauricio Pozo Crespo

¿Tan malo es el FMI?

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Es una característica de discursos políticos en el país y en algunos otros, hablar mal del FMI. Es el deporte de muchos políticos endilgar a otras personas como fondomonetaristas, tratando de decir que auspician algo destructivo contrario al interés nacional. Inclusive, los que más repudian a esta entidad multilateral son los que menos la conocen.

Economistas titulados, algunos con posgrados y doctorados, aclarando que ello no garantiza sus conocimientos y entendimiento de la materia, acusan al FMI como el responsable de todos o casi todos los males de los países sin siquiera haberse dado la molestia de estudiar los programas auspiciados por el FMI, la lógica de los mismos, los instrumentos diseñados, el impacto de ciertas reformas que se promueven, etc. Es decir, critican sin saber qué mismo critican pero por sonar bien y ser políticamente rentable lo hacen. Como se dice, la ignorancia es atrevida y algunos son atrevidos y audaces.

Es importante anotar que el FMI es una institución creada en 1945 con la participación voluntaria de 188 países miembros, cuyos objetivos son ofrecer cooperación internacional entre los países, brindar asistencia técnica y financiera a los mismos, promover el comercio internacional, estimular el empleo y reducir la pobreza, entre las principales propósitos.

En la aplicación de sus políticas ha tenido, sin duda, errores y aciertos, como toda entidad, así como la flexibilidad de sus políticas y programas han sido parte de su evolución en la última década. No hay la misma severidad en los programas actuales que los aplicados hace más de una década. Ahora hay más flexibilidad y mejor visión de los problemas políticos internos de los países. Sin defender ni criticar a esta institución, la lectura más idónea es analizarla desde una perspectiva de conveniencia nacional.

La economía ecuatoriana actual requiere con urgencia liquidez en cantidades importantes, a plazos largos y con tasas de interés bajas. Con o sin FMI, la política económica debe ordenar el manejo fiscal, debe abandonar el dispendio, el endeudamiento debe regularse, las relaciones internacionales deben mejorar, el rol del sector privado debe ser más activo, la información económica debe ser transparente. Bueno, estas necesidades, sin duda, son las que incluirían un programa con el FMI pero con una gran diferencia: vendrían con un cheque adjunto.

Hay que ser responsable en la conducción económica, no fanático de ideologías ni esclavo de complejos tercermundistas. En el pasado necesitamos un acuerdo y apoyo internacional, y con todos los costos políticos involucrados, se suscribió el convenio con el FMI: lo volvería a firmar porque eso necesitaba el país.

Hoy se requiere con urgencia recursos frescos y, sobre todo, algo que le abra otras puertas de más financiamiento con el Banco Mundial, BID y que permita un menor riesgo país para emitir nuevos bonos. Ninguna otra opción le brinda estos beneficios.