María Cárdenas R.

Aún es tiempo

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Una sorpresa, no necesariamente positiva. A la madrugada, se confirmó lo que muchos temían. No se atrevían a pensar, era una sombra, pero, palpitante. Millones de personas, dentro y fuera de las propias fronteras lo sentían. No sólo el pueblo lo temía, los líderes de naciones alrededor del mundo, también. La realidad fue un shock. La elección fue legal, el colegio electoral ganó sobre la voluntad popular. Estados Unidos, escogió, según sus propios voceros y el pueblo, entre lo menos malo. Entre lo que podía ser menos desconfiable, menos negativo. La prensa, incansable, siguió el show, en vez del fondo y las propuestas serias. Creó un monstruo publicitario, realidad conocida para algunos países. Éste, es el próximo, con el poder de mando sobre el botón más peligroso del mundo. Atrás quedarán los días de la elegancia, la gracia, la seriedad, sobriedad, el liderazgo y sensibilidad del primer presidente afroamericano y su señora, ejemplos a seguir, bajo toda circunstancia. Queda una pregunta: ¿Qué trae el futuro político y económico a nivel mundial? ¿Aprendimos de esta lección?

Pudo haber sido la primera mujer presidente del país del norte, la candidata más preparada en la historia de la nación, así lo reportan hasta sus detractores. Las encuestas, fallaron estrepitosamente, el modelo usado era el equivocado, no tomó en cuenta el cambio demográfico en el país. Muchas comunidades, hoy, sienten miedo a lo desconocido. Protestan, cuando ya no hay solución, caminarán kilómetros en sus ciudades, quemarán efigies y sus voces enmudecerán de tanto gritar que no es su presidente. Toda acción es tardía, el momento de la decisión pasó. Excusas habrá miles para votar por un hombre, que, es verdad, dicen que posee millones, pero, ¿quién es? ¿Qué posee además de bienes materiales? ¿Quién es? Es racista, machista? Quizá sea sólo chismografía política y popular en el ánimo de campaña. Lo descubriremos a futuro. No sabemos si podrá contenerse y dejar el Twitter, o sus palabras desafinadas, para expresar intolerancia hacia muchos temas. Mañana lo sabremos, no somos adivinos. Si es acertado, sus votantes y fanáticos se felicitarán; el resto lo aceptará. Si no resulta, el mundo entero se arrepentirá. Los que votaron, por su voto. Los periodistas, por haber sido débiles en su investigación, dejando sus preguntas sagaces en el aire. Los periodistas que no tomaron posiciones absolutamente claras, porque actuaron a media tinta, siguieron el juego y no se atrevieron, dormirán pensando en todo lo que pudieron haber descubierto y no lo hicieron. Su silencio los perseguirá.

La lección es para quienes vimos los toros de lejos y podamos sentirnos afectados a la distancia; para los periodistas que deban cubrir las elecciones, pregunten lo que dicte su ética. Sigan sus principios y que no los paralice el miedo. Tomen una posición clara, justa, pero atrevida. No callen sus preguntas y expongan los temas que deban ventilar. Que sus principios los convierta en investigadores valientes y que por su país hablen cuando aún es tiempo, no después.