Marcelo Ortiz

Por fin una clarinada política

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2 de agosto de 2014 00:00

Marcelo Ortiz Villacís / Columnista invitado

Coincidente con la urgencia de aprobar el Código Monetario y Financiero, y del intento legislativo de alimentar al Biess con fondos eminentemente privados, se han celebrado las Fiestas de 479 años de la fundación de Guayaquil. Ha sido apoteósica la sesión solemne del Municipio con más de 12 000 personas. El alcalde Jaime Nebot tuvo como invitado de honor a Mauricio Rodas, alcalde de Quito; además de 20 autoridades de gobiernos municipales y de prefecturas, como la de Paúl Carrasco del Azuay. Aquel día, al compartir la tarima, esos destacados líderes políticos minimizaron otro acto público similar protagonizado por el Gobierno.

Esa multitud visualizó la imagen de los dos alcaldes que representaban a Guayaquil con 2 351 000, y a Quito con 2 240 000. A la vez, escucharon eufóricos el discurso de Nebot. A día siguiente, en El Universo en página completa se relievó algunos subtítulos del discurso: El cambio para bien continúa; Cómo generar bienestar; y, Autonomía local y provincial. Y en el titular “Democracia que se desvanece, democracia que muere”, se afirmó que esta no muere de golpe y explicó que, “también muere cuando se ejerce el poder de manera totalitaria, cuando se achica cada día más el campo de la libertad y cuando la comunidad va a continuar convirtiéndose en colonia del Estado. Y eso no debemos permitirlo. Los guayaquileños y los ecuatorianos queremos República con progreso en libertad y para eso desterremos el temor y la ignorancia, pues el temor es el ladrón de todo sueño, y la ignorancia carcelera de toda rebeldía”.

Esta fue la realidad de ese acto, y lo que viene a continuación es la ficción. En medio del acto o terminada la sesión pública, se habrán escuchado susurros producto de la euforia colectiva que anhelaría proclamar a un posible binomio presidencial, de los dos alcaldes, para 2017, apoyando las obras de un líder probado en más de una década. Extendido ese anhelo popular a escala nacional podría ampliarse a la necesidad de aglutinar fuerzas contrarias al actual poder absoluto y su posible reelección inmediata violatoria del mandato constitucional. Esa alborada de unidad dejaría atrás las diferencias entre posiciones políticas de derecha, izquierda o centro, porque aparecería la egregia majestad femenina de La Patria, ante la cual declinarían posiciones personales o de grupos separados, porque al renunciar abrirían un camino inédito de sacrificio personalizado y de una voluntad constructiva. 

Otra posición, no de ficción, sino de urgencia salvadora de la democracia, provendría de precandidaturas de los titulares de prefecturas y alcaldías presentes en el acto, que estarían amparados en el respaldo de sus bases electorales. Esa sería una plataforma firme, sólida y pluralista para enfrentar al poder absoluto que anhela perpetuarse en la presidencia a través de una mayoría legislativa decidida a violar el inc. 2 del art. 144 de la Constitución.