Jorge Fernández

La máquina de triturar periodistas

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14 de April de 2012 00:01

Un redactor raso, un miembro de la fiel infantería del periodismo, llama al vocero de un funcionario influyente y le pregunta si es cierto que firmó una resolución clave en materia económica. El vocero le confirma que su jefe lo hizo y le adelanta incluso las líneas generales del texto. El redactor está escribiendo la nota cuando un compañero que viene de la calle lo saluda y descubre que va a publicar una mentira: casualmente acaba de tomar un café con un legislador que pertenece a la mesa chica de ese funcionario. “Hace una semana Cristina nos ordenó que diéramos marcha atrás con la resolución”, le reveló. ¿Qué hacer entonces? Dos fuentes de primer orden informan dos cosas contradictorias. Es tarde, sobre el filo del cierre. El editor titula ‘Dudas sobre un proyecto oficial’. Al día siguiente, el legislador le confía al cronista, en el mayor de lo sigilos, una escena inquietante. Estaba conversando en ‘petit’ comité con el funcionario influyente cuando entró su vocero y le dijo: “Engañé a los diarios. Así mañana salimos a desmentir que firmaste los papeles y a demostrar una vez más cómo mienten los medios hegemónicos”. Todos se reían.

Conozco nombres y apellidos de los involucrados. Pero la sección Política me ruega que no los haga públicos: “No queremos romper el off the record”, dicen en el colmo de la hidalguía. El ‘off the record’ es una metodología sagrada para el periodista. Un pacto con su fuente, que le pide anonimato a cambio de secretos. Esa herramienta se utiliza en todos los periódicos del mundo. El periodista, sin embargo, debe ser cuidadoso y no creerse los camelos. Debe contrastar y estudiar muy bien si la versión resulta cierta. En muchas ocasiones y bajo otros gobiernos, funcionarios han intentado vender información falsa a los cronistas. Pero nunca el cuerpo profesional de los diarios se había topado con una estrategia montada para desacreditar al periodismo. Antes, una operación falsa podía tener como consecuencia un daño colateral: para perjudicar a otro político se lastimaba la credibilidad de quien daba la noticia. Hoy se trata de infligir daño directo. Hoy el objetivo somos nosotros.

Hay en la Casa Rosada un comando que rastrea los diarios y organiza estrategias de difamación y de ocultamiento. La Máquina de Triturar Periodistas y Maquillar la Verdad tiene muchos trucos. Introducir desde el Estado informaciones apócrifas para demostrar luego que los periodistas erramos o mentimos es apenas uno de ellos. Cuentan con el miedo de todos: dirigentes, funcionarios, legisladores y empresarios saben que están siendo vigilados por el Gran Hermano y que una declaración inconveniente puede costarles muy cara.

Me duele que el Estado argentino quiera incendiar el único hogar que me queda: mi oficio. Y que cuente con la anuencia de tantos colaboracionistas.