Enrique Echeverría

Manuelita Sáenz

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Guardamos en la memoria los pasajes más notables de la épica temporada cuando se formó la Gran Colombia con Venezuela, Colombia (Nueva Granada) y lo que hoy es Ecuador.

El sueño del Libertador Simón Bolívar, sin embargo tenía límites más extensos: formar una gran República que agruparía a los países hispanoamericanos desde México a Tierra del Fuego. Todos tenemos presente cómo el sueño de la Gran Colombia tampoco fue posible: cada distrito territorial buscó ser país aparte y sus líderes localistas lo consiguieron.


Estas remembranzas para tener presente a una mujer excepcional, compañera del gran Libertador, como se dice “en las buenas y en las malas”, al extremo de arriesgar su propia vida cuando un grupo de adversarios quiso asesinarlo. Se llamó y se llama Manuelita Sáenz, quiteña, soñadora, dispuesta a todo sacrificio.


En su homenaje crearon la más alta condecoración para hechos y personas de alta significación en los Estados. Fue utilizada en la semana anterior, por la Asamblea Nacional oficialista, para “honrar” a la expresidenta de Argentina señora Cristina Fernández. Lo hicieron con todos los honores y la mejor jactancia.


La expresidenta está sometida a la justicia penal de su país por actos no santos en el ejercicio del poder. Cierto es que en Derecho se presume la inocencia mientras la justicia no haya sentenciado en definitiva. Pero es cierto también, en el campo político, que quien está sometida al análisis de la justicia penal debería esperar hasta que declaren tal inocencia para merecer esos honores.


A fin de no olvidar un criterio de su propio país, expresado por el embajador argentino en Ecuador, señor Luis Juez, a título personal y publicado por diario El Clarín, de Buenos Aires, tengamos en cuenta lo que dijo: “Si los ecuatorianos creen que Cristina es el prototipo de mujer argentina, se equivocan. No sintetiza a la mujer argentina y no sintetiza a los argentinos.

Los argentinos no somos bandidos, atorrantes, corruptos ni sinvergüezas”… “sin ánimo de ofender a las autoridades que decidieron el premio, como argentino no conozco el concepto por el cual se la va a premiar. Si es por su decencia, está en duda; si es por su honorabilidad, ha quedado bajo sospecha; si es por su combate contra la corrupción, lo perdió estrepitosamente; está ella y casi el cien por ciento de su gabinete imputado en más de dos o tres causas”.


Hemos visto las grabaciones de TV en las que personeros de su gobierno aparecen contando altas sumas de dinero; y la de un ministro que trataba de esconder millones de dólares en billetes, en un convento de monjas.
Pero así es el juego político, en particular cuando hay afán vertical de cumplir una línea de conducta y lealtad a toda prueba. Cabe, entonces, resignarse al concepto: “Si la Asamblea la condecoró…San Pedro se la bendiga”.