Marcelo Ortiz

Las manifestaciones públicas

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En el seno de las sociedades humanas, se producen hechos de la vida diaria que forman parte de la familia, la influyen en sus decisiones y llegan al interior del núcleo sin trascender al medio externo. Asimismo, al forzar esos límites se convierten en hechos sociales de carácter público.

En grandes países como los Estados Unidos de Norteamérica, con ocasión de los festejos por asumir el poder, Donald Trump símbolo de la grandeza económica personal, y considerado un magnate, por estar en posesión al nivel más alto; y así ocupar los primeros lugares en el país más poderoso del mundo, multitudes llenaron calles y plazas, hace pocos días, para agasajarlo, a pesar de él ser sexofóbico y contrario al flujo de mexicanos y latinos hacia ese inmenso país. Paralelamente, también hicieron presencia en Washington fuerzas sociales opositoras, al igual que en muchas grandes ciudades, y en este caso, fue importante la presencia también del sexo femenino que manifestaron serios desacuerdos con su triunfo electoral. Lo positivo, contundente y de madurez, es la ausencia de fuerzas policiales que, con su sola presencia armada podrían provocar actos de violencia. Esto no ha sucedido, porque considera dicho poder político que esas fuerzas sociales tienen pleno derecho a manifestarse como opositoras en goce de la libertad de reunión y de expresión.

Por eso, unas multitudes apoyan y otras son de oposición, y esa tolerancia es prueba de madurez política que demuestra expresión contundente del carácter democrático de los líderes que tiene el pueblo de los Estados Unidos.

En cambio, en otros países de América Latina, ya habrían salido a las calles divisiones policiales, bien equipadas, para impedir que sectores sociales de oposición hagan presencia, considerada negativa a sus fines de mantener una suficiente cobertura de mayorías que aseguren su triunfo político o que respalden al gobierno que tiene un determinado país. Ecuador no ha sido una excepción, sino más bien, en estos últimos diez años, se buscó impedir que ocupen las plazas y las calles fuerzas sociales opositoras al gobierno correísta, como igual ha ocurrido en países cercanos como Nicaragua y Venezuela.

Felizmente, ya estamos a pocas semanas para que nuestro pueblo concurra a las convocatorias para elecciones presidenciales y de asambleístas el 19 de febrero, -siempre rechazaré ese nombre porque toda la vida republicana fueron simplemente nominados como diputados- , las manifestaciones públicas en las tres regiones del país, señalarán un camino para que en un cercano futuro, se realicen verdaderos debates democráticos en el seno de un poder parlamentario con vida autónoma; esto es, sin ninguna influencia de quien asuma la Presidencia de la República ni de su entorno de Ministros de Estado.

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