Walter Spurrier

Ahora fue a Manabí

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Lo previsible sucedió. Se gastaron la plata de Manabí. A raíz del terremoto, opinamos que debería conformarse una junta de prestantes manabitas para que asegure el buen uso del dinero recaudado. En nuestra columna del 7 de agosto de 2016 escribimos: “Los pedidos que se nombre una junta cívica con figuras manabitas prestantes no fueron acogidos…. Dinero no falta. La comunidad internacional ha desembolsado fuertes sumas emergentes. Los ciudadanos aportamos a través de una batería de nuevos impuestos que acatamos sin chistar, porque los fondos van a los hermanos manabitas. ¿Quién fiscaliza que no hay desvío de fondos hacia el consumo habitual de la administración pública?” Sucedió lo predecible. La prioridad de la política económica correísta se mantiene, que es mantener e incluso aumentar el consumo burocrático. Que se tomó USD 300 millones de las cuentas para la reconstrucción de Manabí, sostiene el Ministro de Finanzas, porque no se pueden tener dineros ociosos.

Han pasado 20 meses desde el terremoto, y todavía hay gente que vive en carpas; no se han construido viviendas a pesar de haber fondos. No es el dinero el ocioso, sino los responsables de la reconstrucción. ¿Acaso no hay docenas de ingenieros y obreros de la construcción, sin trabajo y disponibles?

Finanzas sostiene que era algo de corto plazo. Igual se dijo cuándo se tomaron fondos de la banca comercial en el Banco Central, fondos que son nuestros depósitos. Los bancos privados están obligados a tener parte de nuestros depósitos en el Banco Central y formar parte de las reservas internacionales.

Finanzas se toma esos fondos, bajo el mismo argumento: que están ociosos, y a cambio entrega certificados de corto plazo, recalcan que es algo temporal. Pero cuando se vencen esos certificados, se los reemplaza con otros. El corto plazo se torna en plazo infinito.

A mediados del año pasado el monto que Finanzas había tomado de nuestros dineros era USD 5 900 millones. De un plumazo lo redujo a USD 3 700 millones, pagándole al Banco Central con la propiedad de bancos públicos. Como cuando los bancos necesiten devolvernos nuestra plata, el Central pudiese vender BanEcuador y recuperar los fondos. Hoy en día los depositantes tienen USD 4 700 millones en el Central y sólo quedan USD 1 400 millones en reserva. Lo demás se lo gastaron “porque no puede haber dinero ocioso”.

En el caso de Manabí, ante el clamor nacional, la indignación manabita y la amenaza de juicio político, Finanzas dice haber devuelto el dinero. Para la banca privada, sus depositantes, y las instituciones con cuenta en el Central (entre otros, gobiernos seccionales) no hay tal suerte. El monto es demasiado grande. Lagarto que traga … La solución es amarrarle las fauces al lagarto. Pero hasta ahora, la política es seguir engordándolo.

wspurrier@elcomercio.org