Miguel Rivadeneira

Los malos ejemplos

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El escritor y filósofo francés Jean Paul Sartre decía que lo más aburrido del mal es que uno se acostumbra, pero que la mediocridad no se puede imitar. Cuando en una familia existe un padre irresponsable, irrespetuoso, mal educado, con malos procederes, deshonesto, adicto al licor y hasta la droga, mal se puede esperar que sus descendientes o en su entorno no puedan presentarse algunos de esos rasgos en mayor o menor grado, aunque también haya alguien que aparezca diferente. Igual puede suceder con un buen padre que entre sus hijos salgan lo contrario y con malos hábitos.

Las semejanzas y diferencias se reflejan, pero mucho juegan las enseñanzas y guías educativas, el ambiente, el entorno y fundamentalmente el ejemplo. Debe reconocerse que existen muchas debilidades y todos estamos expuestos a cometer errores. Más aún cuando se presentan argumentos, injustificados por cierto, de que falta tiempo para dialogar. Por ello se debe tener presente que no puede haber una transformación institucional si primero no hay un cambio personal. Esto tampoco es un problema de títulos, aunque sean necesarios. Es preferible contar con un buen señor, sencillo pero respetuoso, demócrata y tolerante, que con una magíster o un PhD prepotentes y autoritarios.

Más allá de juzgar el trabajo que hayan realizado en sus tareas específicas, es condenable lo ocurrido hace poco con la conducta personal de una exjueza y un juez, que protagonizaron escándalos públicos, contrarios a un ser racional, educado y respetuoso del Derecho, que dicen administrar. Actuaron desafiantes , con insultos y agresiones contra la autoridad, prevalidos de ínfulas de poder, que es transitorio porque nadie es eterno en un cargo del Estado. ¿Esos son los administradores de la “nueva justicia” y los paradigmas de la “revolución ética” que proclamaron? ¿Acaso no anunciaron públicamente el 2011 que le metían la mano a la justicia y ha sido para esto?

Lo grave de todo es que, como en la familia, los malos ejemplos desde el poder se repiten y no son casos aislados. La arrogancia y los atropellos no son cualidades de un ser respetuoso de las leyes y la democracia que pretenden hacer cumplir al resto. Cuánto insulto, maltrato, injurias con calificativos escogidos y burlas, sin respetar a mujeres y hombres, se ha escuchado los últimos diez años y que han quedado marcados para registro histórico. Intolerancia y prepotencia frente a esos críticos a los que se tilda de mentirosos y corruptos, sin responder concretamente a los contenidos de las denuncias y con ello desvían la atención y eluden responsabilidades.

Norberto Bobbio, filósofo, jurista, catedrático de Derecho y uno de los más reconocidos pensadores contemporáneos, decía con firmeza que es preferible el gobierno de las leyes y no de los hombres y que lo contrario refleja las tantas formas de regímenes autocráticos.

mrivadeneira@elcomercio.org