Carlos Jaramillo

Loja, capital del arte y la cultura

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Loja celebrará el 18 del presente mes el CXCIV aniversario de su emancipación del dominio español.

La provincia fronteriza y, en especial, su capital se han destacado en el concierto nacional por la valía de muchos de sus hijos y por su aporte para el desarrollo del país en diversos campos, lo que le ha valido el calificativo de capital del arte y la cultura. La mujer lojana también ha escrito páginas de gloria en la historia patria. Por ejemplo, Matilde Hidalgo fue la primera latinoamericana que ingresó a una universidad y obtuvo un título académico y participó en elecciones con iguales derechos que los hombres.

Cuatro lojanos asumieron la Presidencia de la República, en diversas épocas y circunstancias políticas: Jerónimo Carrión, Javier Eguiguren, Isidro Ayora y Jamil Mahuad; numerosos juristas desempeñaron con acierto la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia; compositores como Salvador Bustamante, Segundo Cueva Celi y Édgar Palacios han trascendido en el firmamento artístico nacional e internacional; intelectuales del prestigio de Benjamín Carrión, Pío Jaramillo, Pablo Palacio, Ángel F. Rojas, Miguel A. Aguirre, Carlos M. Espinosa, Pedro V. Falconí, Alejandro Carrión, Eduardo Mora M., Jorge H. Rengel, Miguel Riofrío, etc., al igual que pintores famosos como Eduardo Kingman tienen sitio destacado en los fastos de la cultura y el arte.

El 13 del presente mes se efectuará, en la matriz de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, la presentación del libro “Ángel Rubén Garrido, Lenguaje de las manos que conjugaron arte y devoción”, de autoría del español José Carlos Arias, historiador e investigador de arte iberoamericana, en el que conjuga una reseña de la trayectoria y una bien lograda muestra fotográfica de la obra pictórica de este gran artista lojano.

Félix Paladines, presidente del Núcleo de Loja de la CCE anota que, cuando joven, Ángel Rubén Garrido estudió en la Escuela de Bellas Artes de esta capital y fue alumno y ayudante de taller de Víctor Mideros, de quien asimiló la exquisita perfección de la Escuela Quiteña y, de manera práctica, muchas técnicas, especialmente en la producción de obras de carácter religioso, en las cuales Mideros y Garrido alcanzaron sus mejores logros.

Agrega que el talentoso maestro lojano ha permanecido casi ignorado durante décadas. “Pero esa injusta situación llegó a su fin; sus hijos, en plausible acto de amor filial y en justo homenaje a su memoria, y contando con el respaldo erudito y técnico de José Carlos Arias, han decidió reivindicar el nombre de su progenitor, iniciando una seria investigación y un registro de su extensa obra pictórica, cuyos primeros resultados se entregan magníficamente bien logrados en este volumen. Ángel Rubén Garrido merece un justo lugar entre los artistas plásticos lojanos más representativos de la primera mitad del siglo XX”.