Juan E. Guarderas

Se llama Ana, no Anita

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23 de March de 2012 00:01

Talvez ustedes tendrán una postura parecida a la mía. En mis relaciones personales, si alguien que no es cercano me llama “Juanito”, me molestaría enormemente. Avisaría a esa persona que no tiene un vínculo conmigo que le permita llamarme así. Y, si a pesar de la advertencia, persistiese en llamarme con un diminutivo, frenaría la interacción con ese individuo.

Ello en el ámbito personal, en el ámbito profesional, mi postura es aún más estricta. Sin embargo, tras esa confesión, tampoco admitiría el adjetivo de “chapado a la antigua”. Soy joven y me considero extraordinariamente progresista. Pero me parece que los diminutivos tienen solamente cabida en los círculos íntimos.

Salvo por las películas porno, se me hace difícil pensar en un contexto profesional donde llamar a gente con diminutivos sea adecuado. Una entrevista presidencial en suelo extranjero claramente no es una película porno.

He vivido algún tiempo en el exterior, pero no creo que los ecuatorianos se hayan desarrollado otras formas de cortesía. Sin embargo, esa fue la impresión que el presidente Correa dio en la entrevista que concedió este lunes 19 a RTVE.

“Ya ven que aquí las formas son distintas”, dijo la periodista Ana Pástor al público cuando Correa empezó a llamarla Anita. A pesar de ese comentario, nuestro Mandatario continuó nombrándola con diminutivo. Luego la entrevistadora se quejó claramente, “No estoy acostumbrada a que me llamen Anita”. Incluso tras eso, el Presidente al momento de despedirse volvió a repetir, esta vez con énfasis, “A n i t a”.

Como es usual, durante la entrevista el Jefe de Estado atacó a la prensa por no verificar datos, por mentir,…etc. Pero en la misma entrevista el Presidente sugirió que Human Rights Watch era financiada por el cartel de Sinaloa y que su hermano está demente. ¿Hechos comprobados? ¿Rigor al comprobar lo dicho? ¿Verdades?

La entrevistadora asombrada le dijo a Correa que el hecho de que su hermano no sea popular en las encuestas no era prueba suficiente como para calificarlo de trastornado. He allí la clave para descifrar al Presidente, predica exactamente lo contrario a lo que su comportamiento indica.

Si una periodista señala que en otros lados las normas de educación son diferentes, nos viene a la mente la idea de que aquellos lugares son una Banana Republic. Justo aquello que Correa intenta combatir. De la misma manera, Correa no señaló que le demencia de su hermano sea una mera opinión; lo aseveró repetidas veces como verdad. Sin pruebas médicas lo más posible es que Fabricio Correa esté igual de enajenado que el Presidente.

Estimada señora Ana Pástor, permítame le aseguro que en Ecuador no tenemos normas de educación extrañas. Es simplemente que tenemos un Presidente ininteligible.