20 de June de 2010 00:00

Lex dura lex

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Jorge Ribadeneira A.

Resulta que sumando todo, incluso las restas y los sustos, don Corcho sigue siendo una esperanza cuando la ley que sabemos –lex dura lex- afronta más y más problemas. Él fue el personaje que apareció en la pantalla chica como primer actor cuando se habló del “acuerdo legislativo y ético de diciembre”. El Corcho se atrevió luego a criticar a las dos partes.

Dio uno que otro codazo a doña Betty y más de un surdazo a los comisionados de oposición. Amenaza con hacer otra ley y otra comisión. Cree que algo se han acercado las partes luego de tantos choques. Hasta afirma que la ley no es tan mala como parece. Corre el peligro de que unos y otros le muestren mala cara y eso ya puede ser -en estos tiempos que corren- un pequeño mérito. Algo es algo, señor arquitecto.

El Corcho apareció algún rato –justamente cuando nos contó lo del acuerdo de diciembre- como un partidario más del Consejo de Comunicación independiente. Ese era uno de los puntos que preconizaba ese acuerdo, si la memoria no nos falla. Mientras tanto, doña Betty no convenció al público con su tesis de los dos vocales del Ejecutivo (tres, dice César Montúfar), mientras el ‘Corcho cuencano parece que estaría dando un paso atrás. Mal porque la tesis del Consejo de Comunicación presidencialista tiene varios puntos en contra. Por ejemplo, el Gran Jefe cuenta con veinte medios públicos a su alrededor y no sería nadita imparcial manejando los hilos de la comunicación. Además, por lo que se ha visto y oído en los últimos años de su primer –o segundo- período no siente la más mínima simpatía por la prensa mediocre y corrupta. ¿Cómo solucionar estos problemitas? Difícil. Pero, señor Corcho, todo indica que lo mejor sigue siendo un Consejo independiente, por si acaso, sin tantas y tales atribuciones como soñaba doña Betty.

Además, a ella y a sus amigos parece que les agradaba dar unos cuantos sustos a la prensa y, sobre todo, a la radio. Por ejemplo, pedir que la información sea perfecta, casi infallable. Nada menos que veraz, verificada (¿quién juzga?) y algo más: oportuna y contextualizada -por supuesto- y plural, siempre plural, sin sombras de ‘acoso’ mediático, sin hablar -para no pasar otros sustos- sobre frecuencias y el resto.

Mientras tanto, don Corcho Cordero se ha dedicado a viajar y la sorpresiva renuncia de doña Betty le encontró en el Canadá, con Rolindo –miembro de la Comisión Ocasionalísima- en la Presidencia de la Asamblea. Ella le culpa a él de su renuncia, pero parece que también otros miembros de Alianza País –y, por supuesto de la oposición- andaban en el mismo plan. La comisión queda en manos del asambleísta don Mauro Andino, pero los corchos van a tener sus influencias y, sumando todo, talvez funcionen las esperanzas de una ley justa y que sirva para siempre y no solo para la era de Su Majestad.

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