Yoon Young-Kwan

Cómo lograr un ‘sí’ de Kim Jong-un

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¿Tomó el gobernante norcoreano Kim Jong-un la decisión estratégica de entregar en negociaciones su programa nuclear, o sólo está embarcado en otra ronda de diplomacia del engaño, fingiendo una desnuclearización a cambio de beneficios materiales para su empobrecido país?

Puede que sea la pregunta clave antes de la reunión cumbre entre Kim y el presidente estadounidense Donald Trump en Singapur. Hasta entonces nadie sabrá la respuesta, tal vez ni siquiera el mismo Kim.

Los optimistas se inclinan por creer que la intención de desnuclearización declarada por Kim es sincera. Destacan que en Corea del Norte hubo un cambio fundamental desde que en 2011 Kim sucedió a su padre, Kim Jong-il. Hoy la economía es más abierta (el comercio internacional ya representa casi la mitad del PIB). Pero la apertura trae consigo vulnerabilidad; de allí los activos esfuerzos diplomáticos de Kim para evitar un grave daño económico como consecuencia del régimen de sanciones internacionales vigente.

A diferencia de su padre, el joven Kim (de 34 años de edad) ha promovido activamente un crecimiento económico promercado, y es posible que esté tratando de imitar a Deng Xiaoping, el arquitecto de las reformas de China de fines de los setenta. La remoción reciente de tres altos oficiales militares de la vieja guardia puede ser señal de que Kim está dispuesto a ofrecer algunas concesiones importantes para generar un entorno diplomático favorable que permita concentrarse en el desarrollo económico. La pregunta clave sigue siendo si Trump está listo para involucrarse con Corea del Norte como el presidente Richard Nixon con la China de Deng.

Pero los pesimistas advierten que no hay que tomar en serio las ofertas de desnuclearización de Kim. Sostienen que hasta ahora no hay pruebas de que en lo referido a cumplir acuerdos internacionales, Kim sea distinto a su padre (y a su abuelo, Kim Il-sung), y mantienen dudas, por ejemplo, respecto de que Corea del Norte vaya a cooperar plenamente en tres cuestiones importantes.

En primer lugar, todavía no está claro que haya aceptado un “desmantelamiento completo, verificable e irreversible” del programa de armas nucleares norcoreano. Su compromiso sigue siendo una mera expresión de intenciones, carente de sustancia o contenido operativo. En segundo lugar, en vista del historial negativo de Corea del Norte, los pesimistas no creen probable que Kim permita una inspección en profundidad de sus instalaciones nucleares (elemento crucial del DCVI).

Finalmente, Corea del Norte todavía no aclaró las condiciones para la desnuclearización. Su postura oficial histórica (pedir la retirada de las tropas estadounidenses de Corea del Sur y el fin de la alianza bilateral) no tiene la menor posibilidad de prosperar.


Project Syndicate