Enrique Echeverría

La judicatura

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23 de May de 2011 00:03

El Presidente de la República es una fuente de sorpresas. Dos últimas: la designación de su Delegado al Consejo de la Judicatura y la decisión de usar el polígrafo (detector de mentiras) iniciando con los policías judiciales.

El delegado Presidencial es el Ing. en Telecomunicaciones, Pablo Rodríguez. Tiene posgrados en Planificación y Diseño de Redes, Administración y Gerencia de Empresas de Telecomunicaciones y Sistemas Informáticos, obtenidos en Japón y Alemania. Habla español, inglés, alemán y portugués. Un profesional completo en su rama.

El Consejo de la Judicatura es un Órgano encargado de definir y ejecutar las políticas para el mejoramiento y modernización del sistema judicial; dirigir los procesos de selección de jueces y demás servidores de la Función Judicial; administrar la carrera y la profesionalización judicial y organizar y gestionar escuelas de formación y capacitación judicial.

Lo judicial entraña leyes, Cortes que administran justicia; jueces, fiscales, pruebas, sentencias sobre casos sometidos a la justicia, etc.etc. ¿Cuánto éxito podrá tener, en este sector, un ingeniero en telecomunicaciones?

Al parecer, el Gobierno busca introducir la tecnología informática en el trámite de los litigios judiciales, en cuyo campo el Delegado será exitoso. Pero en la cuestión judicial misma, necesariamente tendrá que recibir asesoría de expertos en leyes, juicios, Tribunales de justicia, particularmente en el enredado problema de las pruebas y trámites.

No habrá computadora que pueda realizar una inspección judicial; ni investigaciones como las que se necesitan especialmente en el campo penal. Actualmente, ya existe en nuestra administración de justicia una parte de esta modernización tecnológica: por ejemplo, por Internet es posible conocer el estado del trámite de un juicio; realizar sorteos de causas que ingresan para repartirlas a los diversos jueces; obtener certificaciones de antecedentes judiciales en un solo lugar, sin deambular por cada uno de los Tribunales penales y juzgados. El uso de flash memory en diligencias judiciales permite rapidez en algunas, como antes sucedía con los disquetes. Pero la evaluación de pruebas y la decisión sobre aceptar o negar la demanda; condenar o absolver a un imputado, ha sido y siempre será tarea del juez y no de una máquina.

El uso del polígrafo podría multiplicar la inseguridad, pues dentro de la prueba se podría pedir que, además de los testigos y su juramento, se los someta al polígrafo a los peritos, al confesante e, incluso, al demandado y al demandante; al acusador penal y al acusado, etc., etc. ¿El polígrafo responsabilizaría al coronel Carrión y desautorizaría a los jueces del Tribunal Penal de Pichincha? Recientemente se ha manipulado incluso el examen de ADN, al que se atribuye total certeza y eficacia.