Jorge Ribadeneira

Jacinto Jijón y Caamaño

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El programa “Regresando con Andrés Carrión” nos dio otra sorpresa. El Pájaro Febres Cordero, número 1 del humor ecuatoriano, fue entrevistado y contó que va a publicar el libro “El sabio desconocido”. ¿Y cuál es ese sabio que no es conocido? Pues nada menos que don Jacinto Jijón y Caamaño.

Cierto que a estas alturas es casi desconocido. Talvez porque no ganó la elección presidencial de 1940, cuando el triunfador fue el doctor Carlos Alberto Arroyo del Río, liberal que llegó a Carondelet con el apoyo de un fraude, según lo proclamó otro de los candidatos. Nada menos que el “profeta” o “loco” Velasco Ibarra, que en esa jornada sufrió su única derrota. Pero Jijón y Caamaño si fue, por si acaso, el primer alcalde por votación popular en Quito (1946-1948). Cuando murió en 1950 -año en que nació el Pájaro- fue una noticia muy sonada en Quito.

Bien, pero ¿cómo así se le ocurrió al humorista Pájaro sentarse a escribir la historia del serio don Jacinto? La explicación fue interesante. “El sabio desconocido” se convirtió en un libro por razones de parentesco. El tercer apellido del Pájaro es Jijón. Pero no solo por eso. Lo que sucedió es que -como pariente- el autor conoció desde la “a” hasta la “z” la trayectoria de Jijón y Caamaño y estableció que era un personaje digno de todo honor, inclusive de un libro con su firma.

Pero ¿por qué otro autor no escribió una biografía de don Jacinto? Por tres “pecados”: 1) era conservador. Más aun jefe del Partido Conservador Ecuatoriano; 2) era millonario, dueño del palacio La Circasiana, de fábricas y mucho más y 3) era aristócrata total, a tal punto que su hijo fue conocido como el conde de Casa Jijón. Su padre, Manuel Jijón Larrea, fue descrito como el hombre más rico de Quito cuando en 1906 puso 150 mil sucres de los 600 mil que se necesitaron para fundar el Banco Pichincha. Era una época en que Quito no tenía bancos y Guayaquil -sede del cacao- tenía varios, uno de los cuales, el gigante Comercial y Agrícola, motivó una revolución.

Realmente la biografía de Jijón y Caamaño es sorprendente. Fue, un político activo que no solo intervino como candidato sino que en una de sus haciendas organizó una revolución a su manera, que le llevó a conocer el exilio. También fundó centros católicos para obreros. Hizo algo de todo según sus minibiografías. Se le conoce como historiador, destacado arqueólogo, coleccionista de arte ecuatoriano, interesado en formar un gran museo y una gran biblioteca -que funcionan hasta hoy-. Trajo al Ecuador en 1919 al destacado arqueólogo alemán Max Hule, quien se había instalado en el Perú para estudiar a los pueblos incas. Escribió varios libros, el último de los cuales, Antropología prehispánica del Ecuador, fue publicado después de su fallecimiento por su esposa, María Luisa Flores y Caamaño. Don Jacinto murió tempranamente, a los 60 años (¿culpa del cáncer, como su padre?) luego de que hizo algo de todo y merecía un libro.

jribadeneira@elcomercio.org