Rodrigo Borja

Izquierda Democrática

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28 de July de 2013 00:01

Una tarde en San José de Costa Rica asistí a la conferencia que dictaba don Joaquín Maurín, viejo republicano desplazado por la guerra civil española, quien deambulaba por el mundo dando conferencias. En algún momento de su plática pronunció la expresión "izquierda democrática" para referirse a la izquierda no marxista. Me sedujo el concepto -yo tenía 26 años-, medité mucho sobre él y tomé la decisión de formar algún día en el Ecuador un partido socialista democrático con ese nombre.

El proyecto se concretó a comienzos de 1970. Un grupo de jóvenes profesionales de capas medias junto con dirigentes barriales del sur de Quito formamos la primera plataforma directiva del nuevo partido.

Nació la alternativa socialista democrática -no "socialdemócrata", porque la socialdemocracia es un fenómeno de la Europa nórdica: Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca- para romper el tradicionalismo político ecuatoriano.

El partido creció exponencialmente en todo el país. Seis meses después convocamos un mitin de masas en la Plaza de San Francisco -que hasta ese momento sólo había sido llenada por el doctor Velasco Ibarra- y quedó pequeña para alojar a la multitud.

La proclama que allí se escuchó fue promisoria: "¡Estamos formando un partido político de masas, hecho con barro ecuatoriano, que recogerá, enriquecerá y defenderá los anhelos y aspiraciones de los trabajadores intelectuales y manuales del Ecuador. "Izquierda" es la vocación de cambio social; y su apellido "democrática" significa que queremos ese cambio sin sacrificar la libertad, con respeto a los derechos humanos y a la prerrogativa de los pueblos de elegir sus gobernantes. Nuestro lema es "justicia social con libertad" porque no queremos la justicia social a cambio de la libertad ni la libertad sobre los escombros de la justicia social, sino ambos valores juntos e inseparablemente unidos en una dinámica y moderna formulación política...!" La I.D. no demoró en tener 600 mil afiliados. El secreto de su vitalidad fue haber nacido abajo y no en las alturas del poder. Esa fue su diferencia con otros partidos, arropados con las influencias, los recursos y los transeúntes prestigios del mando político. Su estructura de base eran las células barriales. Por 20 años viajamos por el país para formarlas. Pintamos puentes y fachadas a lo largo de los caminos. (Para tranquilidad de las esposas, en esos momentos más nos interesaban las fachadas de las casas que las piernas de las mujeres...) Después de 34 años de militancia decidí retirarme de la vida política. Lo hice el 19 de noviembre del 2004 en un acto masivo, que para mí tuvo una gran carga emotiva porque terminaban 50 años de hacer política, desde los lejanos días colegiales.

Pero no por el retiro he dejado de sentir profundo dolor por la decretada muerte de Izquierda Democrática y la expropiación de su tradicional edificio, construido con los aportes de miles de sus militantes.