Benjamín Fernández

Desde la irracionalidad

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19 de September de 2012 00:03

Una de las características reiteradas de varios gobernantes latinoamericanos es hablar desde una lógica irracional donde la respuesta en contrario sea siempre tomada con el pie cambiado. Ser parte de un silogismo falso para concluir haciendo que lo banal se imponga sobre lo trascendente. En ese juego retórico cabe de todo. Desde el amor a Jesucristo hasta las lecciones del Buda pasando por la renovada hechicería latinoamericana. Cuando le espetan cosas como la pobreza, la inequidad o el escaso desarrollo institucional de la república, la respuesta puede ir desde la soledad del poder hasta el ataque delirante hacia los Estados Unidos, cuya sobrevivencia hace que la agresión termine siendo canjeada incluso por la compasión. Este mundo surrealista o posmoderno en el que el discurso político ha encontrado un nicho debe ser sujeto de un estudio más amplio que nos permita rescribir la nueva retórica política latinoamericana.

Lo que no deja réditos es en apariencia ser un gobernante serio, responsable, planificado y respetuoso. Todo es tomado como demasiado racional para tiempos dominados por las cuestiones opuestas. Ser previsible es una debilidad, ser tolerante es “viejo y anacrónico”, respetar las instituciones es ser un “burgués impresentable” y así sucesivamente para gobernar sobre los agravios e insultos que pasan de las palabras a las acciones de forma sucesiva y reiterada. El pueblo vive este sainete con cierta complacencia, ya que justifica estos gestos sobre el fracaso de los anteriores gobiernos cuya ineficacia llevó a que los delirantes de este modelo tomaran el poder y demostraran que no tienen ninguna intención de largarlo, ni por las buenas ni por las malas.

Latinoamérica tendrá mucho tiempo por delante para reconstruir este “modelo exitoso de irracionalidad” que arrasó con toda forma de institucionalidad. Hoy ella es un remedo retratado en un sofisma de agresión y de insulto donde el enemigo si no existe hay que inventarlo para distraer a la gente de las cuestiones trascendentes y urgentes. Vivimos una comedia política en vivo con unos azuzadores pícaros y deshonestos que saben muy bien el beneficio personal que esto les rinde. No tienen obstáculos ni vergüenzas y pueden en ese culebrón político incluir a familiares, hijos o esposas toda vez que resulte beneficioso al mantenerse en el poder sobre la base de una lógica irracional.

Las universidades, los intelectuales, las instituciones no han sido suficientemente fuertes para enfrentar la irracionalidad de gobiernos sostenidos en la mentira a la que le han dado ideología de Estado para hacerla el instrumento sobre la que se sostiene el autoritarismo mas cerril. Es tiempo de desenmascarar a los pícaros y a los bribones exponiendo sus trucos ante una sociedad ebria de pobreza y marginación.