Vicente Albornoz Guarderas

Internet, servicio público

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Los Estados Unidos están discutiendo la posibilidad de declarar al internet como un “servicio público”. Eso es una buena idea, pero es importante aclarar que dista mucho de la visión ecuatoriana de declarar alguna actividad como “servicio público” para luego llenarla de regulaciones y restricciones.

Si llega a darse esa declaración, los resultados no tendrán nada que ver con regular los contenidos de lo transmitido por el internet, de regular los precios de los servicios o los salarios que reciben los empleados. No se está pensando en obligar a los proveedores del servicio a atender a clientes de bajos ingresos ni nada por el estilo. Se está pensando en algo muy distinto: prohibir que se discrimine “por contenidos”.

La idea de un “servicio público” en el mundo anglosajón es tan antigua como las gabarras. Desde hace siglos las gabarras han sido consideradas como un servicio que no podía tratar de manera distinta a sus clientes en función de lo que transportaban. No es que no podían cobrar más a quienes transportaban cosas más pesadas, sino que a dos cargas del mismo peso y del mismo volumen tenían, necesariamente, que cobrarles lo mismo y, en términos generales, no podían negarse a transportar a nadie (asumo que habría excepciones para cargas peligrosos).

En eso, un “servicio público” se distingue de un “servicio privado”. Para contrastar la gabarra, imagínese una grúa de una compañía de construcción que transportará sólo los materiales de construcción de su dueño. Dado que la grúa es un servicio privado, podrá negarse a transportar cualquier cosa que a su dueño no le convenga.

Ese mismo concepto de servicio público se aplica en el Ecuador, por ejemplo, a los buses que, por ejemplo, deben cobrar el mismo pasaje a todos los pasajeros.

En el caso del internet, a pesar de que lo que se transporta son solo “unos o ceros”, como en toda comunicación binaria, en la práctica hay diferentes tipos de contenidos. Porque una cosa en transportar un correo electrónico que tendrá unos pocos bytes y otra cosa muy distinta es transportar una película de algunos gigabytes.

Algunas compañías proveedoras de internet en los Estados Unidos están proponiendo poner una tarifa distinta (por byte) a las cosas pequeñas y otra, más alta, a los envíos grandes. Eso sería un problema porque trabaría el desarrollo del internet y se empezaría a discriminar a los usuarios en base a su nivel de ingreso.

Por todo eso, parece sensato que los norteamericanos quieran declarar al servicio de internet como un “servicio público” (obviamente como se loentiende en la jurisprudencia anglosajona).

Y es importante aclarar que todo eso está muy lejos de lo que en nuestro país se ve como el resultado de declarar a alguna actividad como “servicio público” que, finalmente, no es más que una patente de corso para más intervención estatal.

valbornoz@elcomercio.org