Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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1. ¿Los últimos vaivenes del precio internacional del petróleo cómo afectan a la economía ecuatoriana?
En dos aspectos básicos: en la balanza comercial y en las cuentas fiscales. En la primera mejorando los ingresos de divisas en la proporción del aumento del precio del crudo y el peso relativo de estas exportaciones en el conjunto global del portafolio de productos que vende el país en los mercados internacionales.

En la segunda reduciendo el déficit que tienen las empresas petroleras estatales para atender sus obligaciones operativas diarias. Si bien, el presupuesto del gobierno no recibe recursos provenientes de esta actividad, no significa que cualquier variación, en este caso favorable, del precio del crudo no ayude a reducir la enorme brecha financiera que existe y acumula deudas en esas entidades.

Por eso, cuando se escucha comentarios respecto de la neutralidad de efectos en las cuentas públicas (hablan del presupuesto), como resultado de las variaciones del precio del crudo, hay que tomar esas afirmaciones con pinzas, pues son una verdad a medias. No le afectan “directamente” al presupuesto, pero amplían o reducen la brecha o déficit que tienen Petroecuador y Petroamazonas. Y, por este camino generan una necesidad “indirecta” atendida por el propio presupuesto. O, se la mitiga con contratos como el realizado con Schlumberger.

Para ser un tanto más preciso, si el precio real de exportación, se ubica por debajo de un rango cercano a los 40 dólares (para el crudo nacional), las empresas Petroamazonas y Petroecuador, no disponen de los recursos necesarios para asegurar la producción actual.

2. ¿Es verdad que el principal impacto que tiene nuestra economía y la contracción reciente se debe principalmente al precio del petróleo y a la apreciación del dólar?
Son factores coadyuvantes en la existencia de los dos problemas estructurales: iliquidez y pérdida de competitividad. No son los únicos y eran previsibles. Se sabía que ocurrirían y la política económica no se preparó para esta etapa.

Desde la incepción de la dolarización se conocía de las rigideces del sistema y la imperiosa necesidad de manejarlo con mucho apego a los equilibrios macroeconómicos. El modelo no permite arbitrariedades ni una conducción discrecional. Tiene reglas fijas y no admite márgenes interpretativos. Por eso, por su abuso, se cayeron en su tiempo el Patrón Oro (años treinta), el de Bretton Woods conocido como Vínculo Dólar-Oro (en los setenta), la Convertibilidad de Argentina (inicios del siglo XXI)
Mantener la liquidez de la reserva internacional (BCE) de forma disponible, al igual que la del sistema financiero. Evitar contagiarla con inversiones en sectores o actividades con potenciales daños o de difícil recuperación. Cuidar la cobertura de los riesgos crediticios. Crear un mecanismo que reemplace al prestamista de última instancia que desapareció con la incorporación de esta moneda extranjera, son algunas de las reglas de oro del primer elemento de este modelo.

Esto se lo conseguía con una política fiscal que mantenga una dinámica compatible con el resto de la economía. Que reserve ciertos recursos, invite a la inversión privada para realizar ciertos proyectos y se concentre en los campos destinados a mejorar las calidad del capital humano.

El cuidado de la eficiencia para no descarrilar la competitividad es el segundo elemento vital de este modelo. Ahí descansa el futuro del país. Cuida la capacidad de generación de producción exportable, y con ella el mantenimiento del vigor de la economía. Si se lo pierde, no hay posibilidad de sostener los equilibrios sociales.

La política económica no estableció prioridad a las medidas que dieran cobertura a esta necesidad. Nada se hizo por mejorar la productividad, poco se cuidaron los elementos que conforman la plataforma de costos de producción, no hubo una visión de incentivos prácticos (tributarios o de otra especie) para diversificar el portafolio de productos de exportación.

Ahora el país no tiene amortiguadores que le ayuden a sobre llevar la transición. Descansa entre el endeudamiento externo y la contracción de la economía.

3. ¿Una cumbre de ministros latinos con producción petrolera exportable como la que propuso el nuevo Canciller cuánto aporta a solucionar el problema?

Toda gestión encaminada a coordinar las políticas de producción del crudo debe ser apoyada. La iniciativa, lamentablemente postergada, debería continuar buscando algún grado de entendimiento con países como Méjico, Colombia y Brasil. Venezuela no cuenta pues su situación es tan mala y la gestión de producción tan ineficiente, que solitos han dejado de producir casi un millón de barriles por día.

Obviamente, quienes tienen la última palabra son los grandes productores mundiales: Arabia Saudita, Rusia, EEUU, Irán. Pero una postura coordinada de los latinos si bien no decidirán el futuro del mercado, pueden enviar una señal política que coopere con las intenciones de los demás.

4. ¿Cómo ve el escenario de salvaguardias, su desmontaje y el acuerdo con la unión europea?

El programa de desgravación de las salvaguardias no tiene ninguna oposición o amenaza. Está convenido y en ese sentido el acuerdo con la UE no creo que tenga dificultad alguna en continuar su aprobación.

Pero, si se lo trata de sustituir con el llamado Timbre Fiscal, la opinión es diferente. Además del daño adicional que ocasionaría en la competitividad internacional de la producción nacional, el encarecimiento del costo de vida de los ecuatorianos, el cuestionamiento a la propia dolarización, existiría una afectación potencial (dependiendo de la forma como se lo ejecute) a los términos del acuerdo en ciernes.

apachano@elcomercio.org