3 de July de 2010 00:00

Inquietudes nacionales

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Abelardo Pachano

1. Qué implica para la economía mundial y la nuestra el compromiso de los países más grandes del mundo (G 20) la decisión de reducir el déficit fiscal.

Aceptar que en política económica el mantenimiento de los equilibrios básicos es fundamental para ofrecer certeza a los ciudadanos del mundo. Solo por ese camino se asegura el enfrentamiento exitoso y la solución pertinente de las inequidades sociales. En ese sentido, una lección recogida de la actual crisis mundial es que los principios de un buen manejo económico no es un requisito que sirve solo a los países emergentes o pobres sino una norma que aplica a todas las sociedades, incluyendo las maduras. Los devaneos políticos de gobiernos, con poco sentido histórico, para congraciarse con las comunidades, tienen efectos solo en un plazo perentorio. Más temprano que tarde se pagan esas liberalidades y son las personas las que pagan por ello. Abundan los ejemplos de países con problemas derivados precisamente de la falta de adhesión a estos principios.

Es por lo tanto una decisión concordante con todas las realizadas en reuniones anteriores del G-20 que buscan corregir las debilidades e inconsistencias de las políticas económicas que estuvieron en vigencia hasta estos días. El mensaje además se convierte en universal, pues se eliminan las exclusiones odiosas que existían en tiempos cercanos y que contribuían a sostener la tesis de la asimetría de los planes de ajuste. Ahora se ve que nadie puede vivir a expensas de los demás (con endeudamiento ilimitado) o por encima de sus capacidades (déficit crónico). Las normas económicas no admiten excepciones.

Para el Ecuador el mensaje es claro. Hasta ahora nadie ha descubierto una teoría económica que sustente decisiones políticas que rompan las raíces en las cuales germina la confianza, la seguridad, la transparencia y la responsabilidad. Y eso solo aparece en las variantes consistentes de la política social de mercado.

2. Puede subir el precio del petróleo si se frenan las explotaciones ‘off shore’ (Mar afuera) como efecto del derrame petrolero del golfo de México. En ese caso el Ecuador tendría dinero en exceso.

No es un tema tan simple. El mundo está construido sobre una matriz de producción que descansa en el uso de las fuentes energéticas actuales. No puede prescindir de ellas, por lo menos en el corto plazo. Sus costos tienen un límite de tolerancia y en las condiciones actuales de una frágil recuperación mundial, un aumento del precio de los hidrocarburos puede convertirse en un factor perturbador que ponga en riesgo este proceso, en cuyo caso el impacto real transitaría por una conducta de precios de sentido contrario. Precisamente en estos días ya se habla del riesgo de una deflación mundial.

En segundo lugar, este hecho traerá decisiones más estrictas de seguridad en los procesos de exploración y explotación, pero dudo mucho que lleve a una prohibición de estas operaciones. Hay miles de pozos en plena producción y este accidente, doloroso y dañino, no puede generalizar las conclusiones de que todas las operaciones de este tipo son inconvenientes o inseguras.

Las grandes empresas mundiales de hidrocarburos y el sistema financiero internacional que les otorga créditos están sometidos a un escrutinio muy fuerte sobre el cumplimiento de normas de preservación ambiental. Informaciones sobre un mal manejo afectan la valoración pública, del mercado de valores, de las empresas y bancos, y crea presiones en sus directivos para que enmienden sus errores.

EE.UU. necesita reducir su dependencia energética. Europa busca lo mismo. Las amenazas actuales provenientes de este déficit de autoabastecimiento son complejas y deben desarmarse. Ahí solo cabe impulsar la exploración en áreas de su soberanía o en regiones políticamente confiables. Y eso contradice lo que la pregunta induce a concluir. Sin embargo de lo dicho, esto no quiere decir que habrá estabilidad en este mercado, sino que sus variaciones tienen una tolerancia natural.

3. ¿Hay una economía planificada desde una visión concentradora y un modelo estatista? En ese panorama qué rol le compete a la empresa privada y a la inversión en el desarrollo nacional.

La mayoría de los proyectos de ley que están a consideración del congreso confirman esa visión. El plan hecho por la Senplades es reiterativo en este planteamiento. Por todos los medios se busca una intervención directa del Estado. Los espacios de libertad económica se comprimen. Hay una posición nada amigable con las normas de mercado. No se quiere regular las actividades, sino intervenir definiendo los parámetros dentro de los cuales pueden actuar las entidades privadas. La ley de medios, la de educación superior, la de aguas, la política financiera, son ejemplos de un modelo que solo cambia de actores pero tiene la misma visión concentradora.

En ese plano la iniciativa privada está coartada. Siente temor. Se retrae y el impacto es la existencia de una sociedad que no tiene instrumentos para ofrecer empleo y bienestar a sus ciudadanos. Los resultados del PIB del primer trimestre de este año confirman la existencia de este ambiente. Creció el 0,33% y si esta dinámica tan lenta se mantiene en lo que resta del año, el crecimiento será apenas superior al 1%, que es la mitad del crecimiento demográfico y que significa un retroceso en el ingreso per cápita de los ecuatorianos, muy a pesar de la abundancia de recursos provenientes del petróleo y las recaudaciones tributarias.

4. Si los empresarios no quieren crédito como usted sostuvo en su artículo del viernes pasado, ¿será porque no lo requieren, será por falta de confianza? ¿Hay suficiente liquidez en el país?

Precisamente la encuesta hecha por el BCE desnuda el tema de la falta de dinamismo y futuro del país. Ahí se ve cómo el sector privado no está interesado en invertir. Los empresarios grandes y pequeños no quieren endeudarse porque ven un panorama interno convulso, hay una situación internacional todavía delicada con muchas variaciones y temores y, prefieren quedarse con lo que tienen usando sus capitales de trabajo.

La encuesta confirma que no hay restricción crediticia y que la gran mayoría de solicitudes de crédito solo buscan cubrir sus necesidades de corto plazo. En resumen, no hay certeza y el nivel de confianza es precario.

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