Francisco Carrión Mena

Incoherencia y derroche

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El 25 de mayo de 2010, la Cancillería abrió el Consulado del Ecuador en Nueva Orleans. Tres años y 6 meses más tarde, lo cerró. El 30 de diciembre de 2011 abrió el Consulado en Guadalajara y un año 11 meses más tarde, lo cerró. El 27 de febrero de 2013 decidió abrir el Consulado en Puerto Asís, Colombia, y antes de cumplir un año, el 4 de diciembre de 2013, lo cerró. El 20 de mayo abrió el Consulado en Pamplona, España, y solo seis meses y 25 días más tarde, el 4 de diciembre del mismo año lo cerró.

El 6 de septiembre de 2011, la Cancillería abrió la Embajada en uno de los países más caros del mundo, Singapur, y la cerró 2 años 8 meses después. Algo parecido sucedió con Portugal. Abrió la Embajada el 20 de diciembre de 2011 y la cerró el 12 de mayo de 2014, solo 2 años 4 meses después.

La apertura de embajadas y consulados cuesta mucho dinero de nuestros impuestos. Se requiere el local, el equipamiento y, obviamente, el personal que es altamente oneroso. Al caso de las embajadas hay que añadir la siempre costosa residencia del Embajador y el vehículo oficial que solamente desde este Gobierno se concede. La misma elevada cantidad de recursos se requiere para cerrarlos. Interesante sería conocer cuánta plata se ha gastado en esta desconcertante política de abre y cierre de misiones sin ton ni son…

El asunto no queda ahí. No sé con qué peregrino criterio se han cerrado las embajadas ante Austria, Bélgica, Holanda y Polonia, todas el 12 de mayo de 2014 y todas de enorme relevancia. Se ha dicho, como justificación, que esos países no tienen embajadas en Quito y, por tanto, no están aplicando la reciprocidad. Pero ¡ironía de ironías! En Bélgica y Austria siguen las embajadas instaladas pero no están acreditadas ante los gobiernos de tales países sino solo ante organizaciones internacionales con sede en esas capitales. Un pequeño detalle al paso: ¡en Bruselas hay 5 embajadores y uno solo es jefe de misión!

Paradójicamente, el principio de la reciprocidad no se ha aplicado a las embajadas que el Gobierno ha abierto en Angola, Argelia, Etiopía, Nigeria y Senegal, que no han abierto las suyas en Quito y cuya relevancia es relativa para nuestros intereses. ¡Cuánto inexplicable dispendio!

La implementación de una política exterior seria obedece a una planificación sustentada en objetivos y estrategias para profundizar las relaciones bilaterales con países con los cuales se ha definido coincidencia de intereses a través de la apertura de embajadas y consulados. Pero este desbarajuste no tiene justificación alguna.
¡Qué incoherencia y qué derroche de dinero en estos momentos de crisis y dolor! ¿Lo sabrá el Presidente?

Por si acaso, la información citada consta en Acuerdos Ministeriales de acceso público.

fcarrion@elcomercio.org