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3 de October de 2013 00:05

Con qué facilidad perdemos nuestro patrimonio. Descuido y negligencia parecen ser las razones a la vista. Hace pocos días perdimos 150 metros cuadrados del convento de Santo Domingo de Cuenca debido a un cortocircuito; se trata de espacios de alto valor, estructuras construidas entre 1920 y 1930. En agosto del año pasado el 50% del Seminario San Luis en la plaza principal de la misma ciudad fue reducida a cenizas; desapareció su capilla, seguramente lo más importante que tenía esta, una de las edificaciones más valiosas del neoclasicismo ecuatoriano. Uno de los globos errantes lanzados desde el convento del Carmen de San José tras sus festejos, cayó en el Seminario.

Conocemos que las instalaciones eléctricas antiguas no estaban diseñadas para resistir riesgos de este tipo; recordemos que muchos cables estaban revestidos de tela. Al realizarse las nuevas desde los años setenta del siglo pasado, el Instituto de Patrimonio jamás solicitó a las empresas eléctricas certificaciones de seguridad. Hasta el día de hoy no se ha exigido a los dueños revisiones periódicas de instalaciones hidráulicas o eléctricas. Los grandes proyectos de conservación han costado al Estado, a las agencias internacionales y a los propietarios ingentes sumas de dinero. Los famosos "kits de seguridad" parecen ser más bien sensores de humo que despiertan las alarmas -si éstas están activadas, cosa poco frecuente- mas no existe al parecer una verdadera política de prevención que conjugue la acción de cuerpos de bomberos y propietarios, que se entrene y obligue la revisión y seguimiento periódico de instalaciones por parte de profesionales del INPC o de los municipios a cargo.

Desde la Universidad de Cuenca, el VLIR -Proyecto CPM Ciudad Patrimonio Mundial, se desarrolla un sistema de conservación preventiva, monitoreo y mantenimiento. ¿Por qué no establecer diálogos y acciones entre la academia y los organismos que custodian el patrimonio, más allá de declaraciones retóricas y politiqueras? Las aplicaciones de sistemas de conservación preventiva son menos costosas, exigen la participación guiada de los dueños de casa, son formas coordinadas de ayuda mutua y sistemática.

Además, es indudable que debemos estar listos y bien informados sobre las capacidades inmediatas de reacción frente a un incendio de este tipo.

Tampoco se trata de prohibir, por ejemplo, el uso de globos y castillos, importante patrimonio inmaterial de ciudades como Cuenca en sus fiestas de Corpus, se trata de establecer un buen plan de seguridad especial en el entorno de celebraciones particulares. Para ello la Iglesia Católica -dueña de una gran parte del patrimonio- debe estar abierta a una colaboración constante con el Estado y a seguir las normas de seguridad que se establezcan; su patrimonio realmente nos pertenece a todos.