Columnista Invitado

Impuestos: ¿Nos sonará la campana?

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 1
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 1
Contento 43

Alfredo Vergara 

“Les aseguro que si reducen los impuestos, recolectarán más”, dijo con voz exaltada mientras agarraba una servilleta y la desplegaba sobre el centro de la mesa para que pudieran observarla los otros tres comensales. Quien así se expresaba era Arthur Laffer, un joven economista que, en la tarde del jueves 12 de diciembre de 1974, había sido invitado al restaurant Two Continents de Washington, para conversar con el periodista Jude Wanniski y con dos asesores de la Casa Blanca, Don Rumsfeld y Dick Cheney, quienes querían hablar sobre la conveniencia o no de reducir los impuestos.

Bajando el tono de voz, Laffer trazó en la servilleta dos ejes: uno vertical y otro horizontal; y, entre ellos, dibujó una línea que semejaba el perfil de una campana. Sobre la cúspide de la campana colocó el signo de dólares, para así simbolizar que esa cúspide era la cantidad máxima de impuestos que el Gobierno podía recolectar y, sobre los dos extremos de la base de la campana, colocó los números cero y 100 acompañándolos con un signo de porcentaje.

Con la ayuda de ese gráfico, Laffer intentaba explicar el hecho de que, si el Gobierno establece un impuesto del 0% a la renta o al consumo, no obtendría ningún ingreso; pero que tampoco conseguiría nada con un impuesto del 100%, porque entonces las empresas dejarían de producir. Por tanto, entre esos dos extremos se debía encontrar aquella tasa de impuestos con la cual la curva alcanza su vértice más alto, antes de empezar a declinar.

No se conoce si Laffer logró convencer a alguno de los dos asesores -ese año la Casa Blanca mantuvo inalteradas las tasas de impuestos- pero el periodista Wanniski sí parece que apreció el dibujo, porque antes de terminar la cena tomó la servilleta, la dobló con cuidado y la guardó en su chaqueta. Dos años más tarde publicó un libro, ‘The Way the World Works’ (‘La manera en la que funciona el mundo’), en el cual analiza intensamente el significado que para la política fiscal de cualquier país tiene ese dibujo.

Desde entonces muchos gobiernos han intentado descubrir cuál es esa tasa que, en cada país, mágicamente maximiza la generación de impuestos. Los países escandinavos han logrado establecer que esa tasa debe alcanzar como máximo el 60%; en los Estados Unidos se dice que no debe llegar al 40%; y, en un país más cercano, Uruguay, esa tasa en promedio no supera el 25%.

Como en el Ecuador de hoy la Asamblea Nacional tiene que aprobar las nuevas tasas antes de que la campana suene; empecemos a orar porque algún asambleísta conozca cuál es esa tasa máxima, después de la cual la generación de impuestos irreparablemente decrece y la economía también.