21 de April de 2010 00:00

Las impudicias del poder

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León Roldós Aguilera

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Impudicia es desverguenza. Los impúdicos son “caras de tuco”, mienten, maniobran y delinquen, y pueden convencer si tienen recursos económicos y habilidad para comunicar. La impudicia es caldo de cultivo de la corrupción, la multiplica y potencia.

De asambleístas que se prestaron al fraude de las alteraciones constitucionales en Montecristi, con un texto diferente al que se votó en los segundos debates y en las reconsideraciones de la Constituyente, julio del 2008, por mantenerse en el regazo de Rafael Correa, difícil esperar actuaciones virtuosas, pero eso no lleva a no analizar lo que acaba de darse en el proceso al Fiscal Pesántez.

Evidente tongo. Para no desagradar a Correa -porque Pesántez es su protegido - calcularon y votaron en la Comisión de Fiscalización, cinco porque siga el proceso, cinco porque se niegue y una abstención. Lavada de manos colectiva. No importan pruebas ni evidencias. La jugada para los ingenuos: aparentar que se fiscaliza, que se dio independencia para votar y que PAIS como bloque no está con el Fiscal ni contra él.

La facultad constitucional de fiscalizar es del pleno de la Asamblea, no de comisión alguna, cuya única misión debe ser organizar el expediente e informar. No hay limbo alguno, sino maniobra servil de los que no quieren debate público, por los rabos de paja que pueda encender el Fiscal, algunos casos en indagación, otros que ni los ha tocado, como el de irregularidades establecidas por Contraloría en la Asamblea de Montecristi.

Escuché a una asambleísta acusadora, “Pesántez es para Correa, lo que fue Montesinos para Fujimori”. ¡Qué grave! Cualquier frase parecida, fortalece a Pesántez, por el miedo del “rabo” propio, en algunos asambleístas, y por el temor de ser excluidos por Correa.

¿Funcionará el toma y daca entre Correa y Pesántez?.

Los casos Palo Azul e Ivanhoe y otros lo evidenciarán. En Palo Azul, Correa había coincidido con Alberto Acosta en que debía declararse la caducidad, porque no había el campo compartido que argumentaba el grupo Isaías, concesionario de una estructura de bajísima producción separado de otro, sin conexión, si con petróleo en volúmenes importantes. Luego Correa se allanó al argumento de los Isaías, por la exigencia de Petrobras, socia de los Isaías en el negocio, utilizando a una contratista de la empresa brasilera para un informe vinculante y falso de que si había la conexión que lo convertía en campo compartido, violando la ley.

En Ivanhoe, la mayor cloaca contractual, las órdenes para el negocio fueron de Correa. No hubo técnico ni funcionario de Petroecuador a favor de la pillería. Los oficiales de la Armada en Petroecuador firmaron lo que impuso Correa.

¿Te di protección y págame con el archivo de las causas penales?, se lee en la conducta de Correa.

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