Martín Pallares

Que Chávez vaya al Aromo

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Los llamados actos de rendición de cuentas, como los que están realizando por mandato de la ley este mes los funcionarios públicos, son en su gran mayoría, extensos y tediosos monólogos donde el funcionario impone el libreto. Se rinden cuentas, no se exigen cuentas.

Habría que inventar, más bien, un sistema de exigencia de cuentas. Sería bueno que los ecuatorianos pudieran exigir cuentas, por ejemplo, a los culpables de la desoladora imagen publicada en este diario el lunes, donde se ve cientos de hectáreas de tierra al descubierto en el sitio donde se aseguró que para ahora estaría funcionando la Refinería del Pacífico, en el Aromo.

Esa exigencia de cuentas podría ser alternativa en lo conceptual y tecnológico. Se podría pensar, por ejemplo, en un acto en el que en un inmenso holograma se traiga al difunto Hugo Chávez, que aparece en un video de YouTube durante la firma del convenio de julio del 2008 para la construcción de la refinería.

Así, a Chávez se lo haría aparecer en medio de ese peladero de cientos de hectáreas, que mostró la fotografía, en una de sus exhibiciones de virtuosa charlatanería en la que aseguró, durante horas y horas, cosas tales como que el Ecuador estaría a estas alturas exportando gasolina o que los yanquis, esos perversos yanquis, nos estarían buscando porque “ellos nos van a necesitar en el futuro por nuestro petróleo”.

En el mismo acto de exigencia de cuentas, se podría proyectar el holograma del presidente Correa que ese mismo día dijo que obras como la de la Refinería no se habían hecho antes por falta de “voluntad política” y por esos “neoliberaloides” que creen que es bueno ahorrar y que crearon “ese malhadado fondo de ahorro llamado Feirep”.

Se podría en ese mismo espectáculo holográfico traer de vuelta al Aromo, seis años más tarde, a todos esos funcionarios ecuatorianos y venezolanos que aplaudían rabiosamente las intervenciones de sus dos grandes ídolos y reían a mandíbula batiente con cada una de sus gracias.

Durante ese acto virtual, el número central sería cuando los ecuatorianos exijan a tan dicharacheros protagonistas de la ceremonia del 2008 explicaciones sobre el gasto de los USD 1 200 millones . Ahí los mandantes podrían decirles a Chávez, Correa y a sus alegres comitivas que con esos USD 1 200 millones quizá a estas alturas se hubiera cubierto un 80% del Metro de Quito o la autopista Quito-Guayaquil.

Para cerrar el espectáculo, se podría incluir la escena que se vivió aquel día donde Correa mandó a callar a Martha Roldós por haber querido entregarle una carta en la cual le pedía que no se construyera la refinería en ese lugar.

Un acto, como el que imagino, serviría como mecanismo para que la sociedad ubique en el presente aquellas cosas que sus profetas dijeron en el pasado y que nadie ha podido o ha querido fiscalizar.
Para mayor información sobre cómo se podría imaginar este espectáculo virtual, vale la pena una visita a YouTube.

mpallares@elcomercio.com