Sebastián Borja Silva

¡Ya es hora!

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Columnista invitado

Resulta alarmante constatar como el Ecuador ha perdido y sigue perdiendo valioso tiempo en el diseño de políticas públicas que permitan al aparato productivo prepararse adecuadamente para los desafíos que un entorno altamente dinámico lo demanda.

Mientras miramos con asombro y cada vez con mayor indignación las denuncias de corrupción y de la injerencia política en asuntos judiciales. Mientras esperamos la definición de acciones que generen confianza y dinamicen la economía. Mientras aguardamos una reforma que rescate la democracia y la institucionalidad, en otros países se discute qué hacer para aprovechar las oportunidades de un mundo de vertiginosos cambios.

La velocidad en los avances tecnológicos están llegando a niveles sorprendentes, y los expertos consideran que habrá un antes y un después en la forma en la que el ser humano ha estado acostumbrado a trabajar y vivir. Cambios radicales en la producción, distribución y consumo serán la tónica en un futuro más cercano del que imaginamos.

Esta transformación tecnológica a gran escala, ha sido denominada la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0, que dejó de ser una mera expectativa para convertirse velozmente en una realidad mundial de la cual no solo se habla, sino que en países visionarios ya se toman decisiones para capitalizar el tsunami tecnológico que ha comenzado.

Según expertos, esta revolución inyectará a la economía mundial alrededor de USD 14 billones en los próximos 15 años. Habrá ganadores y perdedores, se pondrán en riesgo millones de puestos de trabajo tradicionales, pero se demandarán millones de puestos de trabajo de nuevas especializaciones.

En varios países, de manera conjunta, actores públicos y privados diseñan políticas para crear condiciones que le permita a la empresa privada invertir en innovación. Están convencidos que quien no lo hace no sobrevive. En el mundo desarrollado las empresas están automatizando sus procesos y adaptando su estructura productiva a esta nueva y sorprendente realidad.

El Ecuador no puede perder más tiempo. Se requiere un diálogo nacional sobre cómo vamos a afrontar este tema. Hay que alentar el emprendimiento, la innovación, la productividad y la competitividad empresarial. Se debe invertir más en educación y redefinir la manera de cómo está orientada actualmente. Según el Foro Económico Mundial, el 65 % de los niños que están por comenzar la primaria, en el futuro realizarán trabajos que hoy no existen. Ya es hora de actuar sin dogmatismo ni caducos prejuicios. Ya es hora de pensar cómo captar los beneficios económicos y sociales que un cambio de esta magnitud genera. Hay que tomar decisiones. Negarlo significaría perder aún más tiempo del que ya hemos perdido en los últimos diez años.