Jorge León

De hazme reír a presidente

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Es sorprendente que un impetuoso insultador (p.e. a latinos y mujeres), inculto y hazme reír de mucha gente esté con posibilidades de ser presidente de EE.UU. Nadie lo ha visto venir. Ahora muchos lo ensalzan. Se ríen con él.

Parafraseándolo, un periodista dice “todos contra él y el resto con él”. Es que analistas, prensa y políticos están presos de la política hecha de espaldas de la gente, convertida en cosa de expertos, tecnócrata, algo de ricos y “sabios”. 
Donald Trump , parece imparable, sigue encarnando la mofa de políticos y de la política, es la crisis de legitimidad política en EE.UU.

Con él, muchos rechazan la política en Washington, cuando pretende que sería simple si se siguiera elementales ideas, frecuentemente falsas, como el proteccionismo ante la apertura del mercado en el país que vive de ello, el cierre de la migración pretendiendo que es la causa de la caída del empleo y no la evolución empresarial hacia la rentabilidad inmediata del capital financiero inclusive a detrimento de las industrias.

Otros están hartos de impuestos y exigencias estatales, pretenden que todo sería simple sin Estado ni políticos. Otros admiran a Trump, por parecer “fuerte” que no teme a nadie, sería un contrapoder. Sus insultos serían una cólera retenida contra ricos y políticos. Él es un magnate pero en EE.UU. se admira a los que triunfan. 
En EE.UU, la política es simplificada para consumo popular, pero esta tradición populista vuelve con fuerza en sus momentos críticos. 


La realidad cambió tanto pero las ideas políticas siguen en otros tiempos en EE.UU. 
A la potencia invencible, los vietnamitas hicieron trizas, las derrotas militares se acumulan desde entonces; las posibilidades de ascenso social y empleo que hacían el “sueño americano” se reducen con las exigencias de la modernización capitalista, por el desplazamiento de empresas o a la robotización que trae menos empleo y no garantiza permanencia laboral, al peso del sistema financiero especulativo destruye las industrias.

Al contrario, la desigualdad social o la pobreza indignan o angustian a muchos por el nivel al que han llegado. El blanco común casa adentro se ve cada vez más en minoría ante el crecimiento de las minorías de ayer. Este ahora duda entre Trump y Sanders. Así, muchos convergen en las condenas y en las ilusiones milagreras de Trump o en las promesas “socialistas” de Sanders. 


En el mundo, esta crítica llevó a las “primaveras políticas” o a los movimientos contestatarios (“Indignados”). Pero en Estados Unidos, es en cambio, esta sátira y mofa “radical” de la política que cataliza el descontento.

A falta de movimiento que desvirtúe el sistema y configure un cambio de época, Trump seduce del lado de la derecha, y Sanders en los demócratas con su promoción de igualdad y freno a los bancos.