Rodrigo Fierro

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5 de April de 2012 03:43

No me debo a nadie. No espero nada de nadie. Como columnista de opinión de un diario independiente como EL COMERCIO, tal privilegio me obliga a ponderar tanto lo positivo como lo negativo del Gobierno de turno. Que en los treinta y más años que mantengo esta columna tal decisión me ha significado riesgos como ser objeto de un juicio penal, en manos de una justicia politizada, es verdad. Ello, no obstante, historia de no mayor coturno la mía ante el hecho de que ha habido periodistas que se han jugado la vida, y la han perdido, al enfrentarse con los poderes fácticos.

Que haya compatriotas, respetables, algunos armados con lanzas de chonta, como se les vio en la marcha del 22 de marzo, que se opongan ciegamente a la minería de gran escala, me saca de quicio. ‘Extractivistas’, el anatema. No se han percatado que atrás quedaron los tiempos de ‘Rancas y de Garabombo el invisible’; que la minería artesanal, de la que no dicen palabra, es más devastadora del medioambiente; que los espacios geográficos que sufrirán el impacto son extremadamente pequeños en relación al contexto nacional y que las tecnologías modernas lo atenúan. Se les pasa por alto que los cuantiosos recursos que se tengan del oro y del cobre, hoy en el vientre de la Pacha Mama, un Gobierno responsable lo destinará a financiar programas de indiscutible beneficio de todos, del país entero, del país en su conjunto, incluidos desde luego los guerreros amazónicos.

Sí, es verdad que el Gobierno gasta todos los recursos que por hoy le llegan y se le ve necesitado de más. ¡No ahorra en previsión de cuando los precios del petróleo bajen! ¿Ahorrar en un país necesitado de todo? Esquilmado desde que se tiene memoria. Cómo no gastar en plantas hidroeléctricas, indispensables para nuestro desarrollo industrial. Cómo no gastar en refinerías con las que nuestro petróleo será totalmente nuestro, permitiéndonos ahorrar ingentes sumas en la compra de derivados del petróleo a precios de castigo. Cómo no gastar a manos llenas en ese programa que, a mi juicio, nos permite mirar el futuro con optimismo: becas a los mejores bachilleres para que realicen estudios superiores en las más calificadas universidades del mundo; becas para miles de jóvenes profesionales para que cuando retornen el país cuente con especialistas bien formados en aquellos campos en los que somos vulnerables y dependientes. Cómo no gastar en la subsistencia de aquellos viejitos desamparados o en la asistencia a los niños de la calle que por montones se les veía en calles y caminos del país en donde los perversos vivían felices.

Tiempo al tiempo es lo que necesitamos para no depender de decisiones adversas que nos signifiquen catástrofes anunciadas. Yo sí creo que debemos corrernos el riesgo. Volver a lo de antes no va conmigo.