Rodrigo Fierro

Los guardianes del libro

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24 de November de 2011 00:01

Cuánta razón tuvo quien señaló que son las novelas históricas las que conducen al conocimiento de lo que ‘en realidad’ aconteció. Partiendo de hechos, los escritores ‘tocados por la gracia’ crean personajes tan bien logrados como que son los que explican que en último término la historia es el resultado de la condición humana, con sus luces y sombras. De ahí que para tantos, entre los que me incluyo, la novela histórica sea el subgénero literario preferido. Llega a tanto como que resultan inolvidables, y el provecho indiscutible, obras como ‘Los episodios nacionales’ de don Benito Pérez Galdós o ‘El asedio’ de Pérez Reverte. Por otra parte, poca duda cabe que la época de oro de los libros, de los escritos de todo género, fue cuando convivieron en paz, y prosperaron, ‘judíos, moros y cristianos’: ahí está la obra de Américo Castro. En el plan de abundar, a Heinrich Heine se le debe esta precisión: “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”.

Cuanto queda señalado me lleva ponderar la novela histórica de la periodista australiana Geraldine Brooks: ‘Los Guardianes del Libro’ (Ed. Del Nuevo Extremo, Barcelona, 2008), llegada a mis manos por la solidaridad de un gran lector como es Francisco Fierro Renoy.

Es la historia real del libro sefardita más antiguo y valioso del mundo, conocido con el nombre de el ‘Haggadah de Sarajevo’, es decir el texto de oraciones que se utiliza en el Séder, la pascua judía.

Tal historia se inicia cuando un judío culto y opulento encomienda a los más destacados escribas y artistas cristianos de Sevilla la elaboración de un haggadah. El libro resulta una obra preciosa, tanto por la perfección de los escritos en hebreo como por el esplendor de sus ilustraciones. Con herrajes de plata primorosamente trabajados, en 1480 llega a la biblioteca de la familia sefardí. Viene la expulsión de los judíos en 1492. El libro pasa a Tarragona, de ahí a Venecia, luego a Viena y por último a Sarajevo, capital de Bosnia, enclave otomano en la Europa oriental. Son eruditos musulmanes los que salvan el precioso libro de las llamas. El éxodo concluye en 1996. Es durante la Segunda Guerra Mundial en la que se queman libros y hombres: el ‘Haggadah de Sarajevo’ se salva de milagro.

En cada una de las estaciones de aquel éxodo los personajes creados por Geraldine Brooks dan vida plena a los acontecimientos reales y extraordinarios que ocurrieron. Judíos, musulmanes, católicos y agnósticos participan en la historia novelada. Una suerte de personaje central, inolvidable, la joven especialista en hebreo y libros antiguos que es requerida por las Naciones Unidas para que contribuya a identificar si lo que ha descubierto el erudito musulmán de la biblioteca de Sarajevo es el haggadah que nació de manos de artífices cristianos de Sevilla hace 500 años.