Antonio Rodríguez Vicéns

¿Dónde está el golpismo?

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3 de April de 2012 00:01

No me sorprendí cuando leí que el dictador de Carondelet (que ha olvidado, con su característica memoria selectiva, que debutó en la política nacional como consecuencia de un golpe de Estado) ha afirmado que la marcha indígena fue “golpista”. No sé si sonreír o lamentar la alta dosis de cinismo que contiene esta absurda acusación. He insistido en numerosas ocasiones en que la ‘revolución ciudadana’, utilizando el poder y mediante frecuentes y sucesivos actos golpistas, o, si se prefiere, un golpe de Estado continuo, a largo plazo, ha ido destruyendo la independencia de nuestras endebles instituciones, logrando su control como nunca antes en nuestra historia y consolidando su proyecto autoritario y concentrador.

¿Ha olvidado ya el violento asalto al Tribunal Supremo Electoral, que quedó en la impunidad gracias a una Fiscalía cómplice, o la arbitraria destitución de 57 integrantes del Congreso Nacional, sustituidos, luego de una grotesca y vergonzosa farsa, por los ‘diputados de los manteles’, para lograr así la inconstitucional convocatoria a la consulta popular que permitió la instalación de la Asamblea de Montecristi? ¿Ha olvidado que esa Asamblea, haciendo caso omiso del estatuto aprobado por el pueblo, excediéndose en sus atribuciones, resolvió que sus decisiones “son jerárquicamente superiores a cualquier otra norma del orden jurídico y de obligatorio cumplimiento para todas las personas…”?.

¿Ha olvidado que esa Asamblea, que elaboró el mamotreto constitucional de Montecristi, que legisló, otorgó‘amnistías’, destituyó y nombró funcionarios y declaró en ‘receso’ al Congreso Nacional, al aprobar una truculenta ficción jurídica, permitió que su período de cuatro años sin reelección se transformara en un período de seis años con posibilidad de reelección inmediata? ¿Ha olvidado la integración por encargo de la Corte Nacional? ¿Ha olvidado que el Tribunal Constitucional se autoproclamó Corte Constitucional, violando la Constitución recién aprobada, que estaba en la obligación de respetar, para asumir atribuciones que no le corresponden? ¿Ha olvidado la destrucción de la independencia de la Función Judicial?

Estos hechos arbitrarios, sucesivos y coordinados -y muchos más que no me es posible mencionar por falta de espacio- demuestran que el golpismo (actos realizados “por el gobernante para reforzar su propio poder”, según la definición de Gabriel Naudé) de la ‘revolución ciudadana’ es crónico. La propaganda fascistoide, atosigante y agresiva, maniquea y falaz que hemos soportado en los últimos días, destinada a denigrar y descalificar, a distorsionar los hechos y a pretender transformar la mentira en verdad, no podrá desvirtuar un hecho incuestionable y comprobable: que el golpismo está instalado cómodamente, desde hace más de cinco años, en Carondelet.