Pablo Ortiz García

En defensa de los diuréticos

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Esos ‘talk shows’ gringos son más antipáticos que un diurético”, dijo Rafael Correa, presidente de la República, al referirse a un programa humorístico dirigido por un inglés, no ­gringo.

Equivocación imperdonable como que a un belga se lo trate de francés, o viceversa. Los diuréticos son medicamentos que sirven para aumentar la excreción de la orina. Excretar, según el Diccionario de la Lengua Española, es “Expeler el excremento.

Expulsar los residuos metabólicos, como la orina o el anhídrido carbónico de la respiración”. Es decir, un diurético sirve al cuerpo para eliminar todo aquello que le es dañino. El diurético puede tener la presentación en pastilla. No tiene sabor amargo ni produce dolor al ingerirlo. Combate problemas cardíacos y de presión alta. Sirve para evitar la retención de líquidos del organismo… no sé si para la bilis. Sus efectos positivos se los aprecia una vez eliminada la ‘agüita amarilla’, técnicamente conocida como orina, familiarmente como ‘pipi’.Si un diurético sirve para mejorar la salud de un individuo, ¿es acaso antipático?

Hay situaciones y seres antipáticos. Los remedios que buscan sanar al enfermo no son antipáticos. Es mejor una medicina preventiva que ir a los hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, que hasta al Presidente se le fue su característico “buen humor”, luego de haberse percatado de la situación calamitosa de uno de los centros de salud del IESS. Ir al baño es una satisfacción gozosa, además libre de impuestos, gratis y muy personal. Y mejor es si se lo hace luego de comer, por ejemplo, espárragos o lechugas (que tienen efectos de diurético), o de tomar unos sabrosos jugos de frutilla o sandía (frutas que se producen en Ecuador, también con cualidades diuréticas). La comparación entre ‘talk shows’ y diuréticos es bastante pobre y sin conexión… ¿o será que no se entiende la humorada del Presidente?

Una de las características de aquellos que ­gozan de humor, es saber reírse de apreciaciones graciosas en que sin ofender, se hace ver la parte amena de una situación. Pero como lo dijo un inglés, y no un gringo, tal vez por ello no captó su contenido.
El humor es uno de los elementos de la identidad de un pueblo. No hay nada que reemplace al humor ecuatoriano, en la actualidad duramente perseguido, por lo que se va creando un vacío humorístico en el pueblo. El humor es de doble vía: la una, cómo se dice; y, la otra, cómo se recibe. Quien ­expresa algo simpático, debe tener gracia. Si quien lo recibe es un ser con sentido del humor, se ríe. Si no lo tiene, reacciona antipáticamente. Y si tiene poder, ordena sancionarlo, ¡y le obedecen! El humor, en definitiva, es parte de nuestra idiosincrasia. Es una característica de las naciones. Nunca, ¡prohibido reír!