Diego Cevallos Rojas

Giros en el caso chileno

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7 de May de 2014 00:03

 Sorprenden el discurso y los modos del nuevo Gobierno de Chile. En menos de un trimestre de gestión, mostró algunas dosis de impaciencia, agresividad y descalificación a los críticos, algo inusual en un país que sin estridencias populistas reconstruyó su democracia y alcanzó altos niveles de desarrollo y libertades. ¿Viene el quiebre de un estilo y sistema que resultaron exitosos? Es muy pronto para saberlo, pero algunas señales indican cercanía con estilos que se ven más en los gobiernos de Argentina, Ecuador o Venezuela.

La misión del gobierno chileno de Michelle Bachelet es "destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal", declaró Jaime Quintana, el vocero de la llamada Nueva Mayoría, el arco político que apoya a la Presidenta, el mismo que gobernó durante 20 años luego de la dictadura de Augusto Pinochet bajo el nombre de Concertación y que en el 2010 cedió el mandato a la centro derecha de Sebastián Piñera.

Con el control casi absoluto del Parlamento, algo inédito desde 1990, algunas estrategias y discursos del oficialismo han adoptado un tono soberbio. Se ha descalificado al contrario, negado el diálogo amplio y separado las aguas entre quienes apoyan las propuestas oficiales y quienes las critican y piden mayor debate. Estos últimos son "los poderosos de siempre", según indica un video oficial que defiende su proyecto de reforma tributaria.

Descalificar y desoír al contrario, cerrarse al diálogo y separar al país entre adherentes y opositores son rarezas en el caso chileno.

Bachelet dice estar empeñada en lograr a la brevedad una reforma tributaria, un cambio radical en el sistema educativo y reformas en el electoral. También se ofrece una nueva Constitución. Argumenta que tiene todo el apoyo de la ciudadanía.

Ciertamente fue amplio su triunfo en las elecciones presidenciales, pero nadie votó por textos puntuales de reformas. Dentro de las filas de la misma Nueva Mayoría, de sectores independientes y desde la oposición, se ha comenzado a cuestionar la forma de actuar del nuevo Gobierno y se critican algunos aspectos de sus reformas. El debate que se preveía rápido y sin contratiempos se está enredando.

¿Será que el nuevo Gobierno acabará con el sello de diálogo y acuerdos que caracterizó a la política chilena en los últimos años? Lo dirá el tiempo. Pero no hay duda de que subirán las tensiones y que la Presidenta, simpática y cercana a la gente, deberá mostrar algo más de asertividad y liderazgo fuertes, características que exhibió escasamente en su primer mandato.

La senda del diálogo, apertura y libertades que siguió Chile en los últimos años fue exitosa. Está por verse si el ajuste que se pretende hacer se encara con otro estilo y resulta correcto o si el país terminará dando pasos en reversa.