Pablo Cuvi

¿De quién es el futuro?

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Es indignante: se alzaron con el santo y la limosna, subieron la deuda más allá del 60% hipotecando el futuro de la próxima generación y ahora vienen por más, con el respaldo de elegantes estrellas internacionales como Gillaume Long, ese francés o inglés que desprecia al presidente del Ecuador, pero que cobraba feliz los sueldos de embajador de este país de cholos incautos. O insignificantes, como nos definió Julian, el hacker.

Tan aprovechador es Guillaume como aquellos rectores de Yachay que recibían millonadas por darse el trabajo de hablar por skype mientras el cemento y el hierro desaparecían de las edificaciones. Porque, si de escuchar conferencias a distancia se trataba, hubiera bastado con las Ted Talks que presentan gratis a los tipos más brillantes del mundo. Anoche, sin ir más lejos, vi una entrevista a Elon Musk y quedé turulato.
A este sudafricano con pinta de gimnasta, cofundador de PayPal y Tesla, que está invirtiendo su fortuna en cohetes reutilizables que en pocos años llegarán a Marte, le preguntan por qué. Porque necesitamos un futuro que sea atractivo e inspirador. Y porque no podemos quedar limitados a este planeta, responde con la naturalidad de un tecnócrata que planifica un viaje a la playa. O a Disney World si es verde-flex.

Mientras admiro la genialidad de este auténtico hombre del futuro que es al mismo tiempo físico, empresario e inventor y todo lo hace con su plata y con el apoyo de empresas visionarias como Google, me asalta la imagen de un correísta pequeño, de colita y gafas fashion, que se creía el Napoleón de la educación. ¿Qué puede relacionar a Musk y Ramírez, tan inmensamente distintos en conocimientos, creatividad, capacidad y manejo de recursos: el uno, propios; el otro, ajenos?

Pues una mentira: ustedes recordarán que en plena campaña presidencial, Ramírez anunció que una compañía asociada con Tesla y HP invertiría USD 3 000 millones en una megafábrica de autos eléctricos. Como Rafael se hizo eco, ambos fueron desmentidos por Tesla y HP al día siguiente pero esa sapada no impidió que Ramírez obtuviera un alto cargo en la Unesco, dejando atrás los mamotretos de Yachay donde no se puede producir ni autos de juguete.

Busco en Wikipedia más datos sobre Musk y leo que invierte también en proyectos e investigaciones contra el envejecimiento e intenta vincular el cerebro con la inteligencia artificial para potenciar su capacidad. Al final descubro que este genio que empuja la humanidad hacia delante solo tiene dos doctorados honoris causa.

‘No es coteja’, pensará el megalómano de barrio que se palanqueó 17, el último en Cuba, ese modelo destartalado del futuro que guía también a correístas del alma como la canciller, quien no se cansa de hacer quedar en ridículo al país.