Juan E. Guarderas

Messi es un criminal

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No es una mentira ni una exageración, el jugador de futbol Lionel Messi fue acusado de fraude fiscal y encontrado culpable. Durante el proceso, la única parte que pedía prisión para el jugador, el letrado de la Abogacía del Estado, señaló que por su comportamiento Messi sería comparable a un “capo criminal”. Pero no fue a prisión, y las personas orgullosamente siguen vistiendo camisetas donde figura el nombre del delincuente. Es un ídolo porque sabe patear anormalmente bien pelotas, no importa que haya evadido impuestos por millones y millones de dólares en un país que sigue en crisis y cuyo gobierno ha tenido que hacer recortes abrumadores a causa de ello. Lo adecuado sería que un capo criminal termine en prisión, lo normal para las personas que evaden millonadas de manera descarada es que vayan a la cana; pero no, Messi no es normal y como no es normal no está sujeto a las mismas reglas.

Yo, como abogado que soy, también considero que las pruebas en contra de la infanta de España, Cristina de Borbón, son suficientes para que vaya a la cárcel. Pero ella nació bien (un mérito similar al de patear pelotas, ilógico, pero que logra romper las premisas básicas del sistema) y punto.

Recordémoslo, la democracia es el sistema de organización política basado en dos principios clave, la libertad y la igualdad. Y, en la arquitectura de este aparato se ha previsto que la distribución de justicia responda a unos parámetros básicos para que realmente los ciudadanos sean iguales ante la ley. La justicia debe ser independiente, imparcial, debe tener procesos debidos, si no hay esto, no hay igualdad y si no hay igualdad pues no hay democracia. Así de simple.

Cuando una mujer de 99 años como Isabel Robalino, es enjuiciada y condenada – no nos dejemos engañar, el hecho de que no hayan ido a la cárcel, por el desistimiento del Contralor, no quita el hecho de que nuestro sistema los sentenció como culpables – pero otros ni siquiera son debidamente investigados y procesados, no hay igualdad ante la ley. Cuando la viuda del general Gabela – quien denunció las supuestas corruptelas en la compra de los Dhruv – es enjuiciada diligentemente, con la maquinaria de justicia presta y activa, por delitos de menor lesividad que otros que son más públicos y cuyas evidencias son igual o más fáciles de recabar, no hay democracia.

Si queremos tener un medidor de fácil uso que nos señale la calidad de la democracia en un país, este es para mí el mejor: la igualdad de los ciudadanos ante la justicia. En Perú el gobernador de Callao, el expresidente Alejandro Toledo, y otros poderosos han tenido que sufrir prisión preventiva. En Brasil, a pesar de lo torcido del sistema, la justicia es capaz de investigar y enjuiciar los casos de corrupción. Aquí simplemente no tenemos ni justicia ni democracia.