Jorge León

FUT Conaie y la política paranoica

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Desde el inicio del Gobierno fue prioritario controlar la expresión de conflictos sociales y la contestación social. Fue enigmático el conflicto con heridos y el Ejército como ejecutor, en Orellana, con comunidades opuestas a la extracción petrolera; desde entonces han crecido control, disuasión y represión. Pero el tiempo ya mostró que esto no impide la contestación; al contrario, el Gobierno pierde al volver más visibles estos medios y hacer aceptables las causas contestarías, por más que el Gobierno denigre y condene a sus actores.

Hace poco se hizo todo para que no funcione la marcha indígena que salió de Zamora, se impedía su circulación, el uso de camionetas, se mostró a sus promotores como repudiables y complotadores. La marcha llegó a Quito, con más personas que las previstas y la contramarcha gubernamental, además de sus maniobras para impedir que los caminantes tengan una plaza para reunirse, engrandecieron a los caminantes. Era David ante un Goliat cuyos contramarchistas traídos de todo el país, ostentaban recursos con comida y buses pagados. ¿Qué quedaba de ello? Que la contestación, por pequeña sea, era impedida pero lograba su cometido de convocar a la sociedad y que más el Gobierno se empeñaba en condenarla y en demostrar más poder, más era legítima la causa contestataria.

Ahora, reaparecen los mismos escenarios pero se incrementan los actores, las causas y las acciones contestatarias. El FUT ha convocado a una jornada de protesta ante reformas laborales que han recuperado lo que Febres Cordero y Duran Ballén-Dahik querían, una desregulación de las normas del trabajo en un nuevo Código “progresista”. A esta protesta se han unido las organizaciones indígenas con sus propias causas, y se van sumando voces. Podrá el Gobierno desenterrar sus discursos contra los “mismos de siempre”, que no ganan las elecciones, atemorizarlos, lo que no frenará la contestación, a pesar del miedo.Los contestatarios algo deben encarnar de la sociedad y de sus conflictos, pues la gente no sale a poner su pellejo porque sí, ni otros los creen por ignorancia; es decir, están diciendo algo de verdad y de razón. Ahora la contestación ya tiene justificativos y legitimidad, mucha gente la acepta. Demasiado tarde para seguir con condenas e inventar complots que no tardan en desacreditar al Gobierno. ¿Podrá el Gobierno salir del libreto de la propaganda y de la paranoia al ver reaccionarios y aprender que ser democrático le ayudaría más y permitiría que la sociedad aporte a mejorar sus políticas? Más polariza con la sociedad más se vuelve dependiente de su propia lógica que le distancia de la sociedad más activa, confunde la realidad con las ideas que quiere que esta sea.

A los siete años, persistir en la represión revela un Gobierno poderoso con patas de barro, pues no ha construido razones, ideas, para sostenerlo más allá de la imagen presidencial y del gasto generoso. AP es la derrotada primera.