César Montúfar

Fundamedios

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Primero fue Pachamama. Hoy es Fundamedios. Entre las dos, muchas organizaciones de la sociedad civil han sido acosadas, asediadas, presionadas desde el poder.

Con una impudicia digna de la desesperación que tiene el régimen por desviar la atención, la Secom ahora anuncia que ha iniciado la disolución de esta organización porque, supuestamente, ha ido más allá de sus fines y objetivos, difundiendo mensajes con “indiscutibles tintes políticos”.

Sería iluso siquiera considerar que detrás de esta decisión no hay una muestra clara de persecución política a una organización que se las ha jugado por la defensa del derecho a la libertad de expresión, lo cual le ha costado innumerables choques con el Gobierno.

Sin embargo, los argumentos que se dan para buscar su disolución bien merecen analizarse por lo que significan en esta hora autoritaria que vive el Ecuador.

Ya en un afán de desnaturalizar el carácter político, no partidista, de todas las organizaciones sociales, el decreto 16 que el presidente Correa expidió en 2013 les prohibió realizar actividades consideradas políticas.

¿Qué es político y qué no lo es? ¿Cómo los políticos que hacen parte del régimen pueden catalogar qué incluye o excluye esta categoría? Y puesto que todas las actividades que realiza una organización social se refieren a temas públicos y es, por tanto, imposible separarlas de la política, el único criterio a mano de los políticos funcionarios del régimen que deben tomar estas decisiones resultan las simpatías o antipatías de ellos mismos.

De lo contrario, el Gobierno ya debió iniciar la disolución de todas las cooperativas y asociaciones de transportistas que en agosto pasado se reunieron en el Coliseo Rumiñahui para ofrecer su respaldo político al Presidente, dos días antes del paro nacional.

¿Ha sido disuelta alguna de las organizaciones que distribuyó afiches con la imagen presidencial y la de sus dirigentes gremiales, con un fondo color verde oficialista, en un mensaje de “indiscutible tinte político”? No.

Para el Gobierno eso no era político. Sí lo es, en cambio, si Fundamedios difunde los blogs de periodistas como José Hernández y Roberto Aguilar.

Pero el punto es más complejo y topa al derecho que tenemos las personas, naturales y jurídicas, de difundir mensajes que consideramos de interés público, lo cual, no puede abandonar su connotación política.

Por la vía que va la Secom, entonces, ninguna organización social debería transmitir mensaje alguno, pues hasta las informaciones más inocuas, en algún momento podrían adquirir “indiscutibles tintes políticos”. Aquello, sin duda, generaría un silencio atronador, imposible de soportar; aquello nos condenaría a vivir como animales metidos en cuevas subterráneas, sin poder que decir o comunicar nada a los demás, en plena era de la comunicación y sociedad del conocimiento.

Si Fundamedios es disuelta será por haber cometido el delito humano de comunicar, de difundir, de compartir, y no basura, sino ejemplos de lo que deben ser columnas de opinión periodística, como son las de Hernández y Aguilar, no solo por lo que dicen, sino por cómo lo dicen. Si Fundamedios es disuelta se decretará la estupidez como norma de conducta oficial.

@cmontufarm